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Éxodus

Intimidad con Dios

Por Tim Broach

Guarda tu corazón

La intimidad con Dios es esencial para el desarrollo del liderazgo espiritual. Proverbios 4:23 nos recuerda “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida”. Buscar a Dios desde la profundidad de nuestro corazón es una de las tareas principales de un líder. Si un líder no presta atención especial a su vida interior, su liderazgo causará más daño que bendición. La investigación de Bobby Clinton de líderes cristianos actuales y también los mencionados en la Biblia, reveló que únicamente el 30% de los líderes terminan bien (Rice, 2007, p 16). La razón por la cual el 70% no terminan bien, está relacionado con un quebranto en su vida personal: mal uso de finanzas, abuso de poder y autoridad, orgullo, fracaso sexual, problemas familiares y estancamientos en su crecimiento personal.

El lado pecaminoso del amor de una madre

Publicado por: Soldados de Jesucristo

Soy una mexicana, y si conoces un poco la cultura de mi país; debo decirte que las madres son una figura casi santa. Siempre tienen la razón, son apasionadas, intensas, representan fortaleza, son pilares de las familias. Incluso, hay una frase que probablemente, si eres de América Latina, la has escuchado también: “No hay amor más grande que el de una madre” ¿te suena familiar?

Desarrollo de una identidad saludable

Por Phil Hobizal

Hay un dicho que dice que "el tiempo cura todas las heridas".  Si bien estoy de acuerdo con la parte del tiempo, la curación es algo que no se puede suponer que tenga lugar aparte de Dios.  Isaías 53:5 dice: "... por sus heridas estamos curados. El tiempo de Dios en nuestra restauración requiere de una paciente obediencia.  Con esto en mente, sentimos que es importante en Portland Fellowship proporcionar y enseñar durante dos años, con material donde se permita que el Espíritu Santo llegue a nuestros corazones. 

La esperanza de la transformación

Cuando llegué a Portland Fellowship hace más de cinco años, no entendía realmente en qué me estaba involucrando. Me fascinaron los testimonios que escuché; historias de la redención de Dios, la liberación de la adicción y de la fantasía, y la bendición de las relaciones saludables. Esto me dio una esperanza que nunca había experimentado. Al igual que muchos creyentes, durante tanto tiempo pareció que solo tenía dos opciones: reprimir mis deseos, seguir mi camino por la vida con los nudillos blancos y obedecer a Dios al no actuar sobre mis sentimientos; o abrazar una identidad gay y rechazar mi fe, familia y comunidad. Fue aquí donde realmente comencé a aprender y caminar en una tercera opción: el proceso de transformación.

Conociendo a Dios en nuestra lucha

Como creyentes en Cristo, entendemos el mensaje del Evangelio, pero muchos de nosotros no lo hemos invitado a las partes más profundas de nuestras luchas.

Cuando iniciamos el ministerio, éramos solo un grupo de visita, que nos reuníamos para compartir nuestras luchas. Conversábamos sobre temas relevantes y apreciábamos el escuchar a cada individuo. Desafortunadamente, a veces nuestro diálogo se desviaba hacia una conversación negativa e inútil. Se hizo evidente que primero teníamos que centrar nuestra atención en Dios. Entonces, añadimos un tiempo de adoración en nuestras reuniones y se ha convertido en una parte importante de nuestro tiempo juntos.

Pasando por el fuego

Por Miguel Alcarria

El apóstol Pablo es ampliamente reconocido y admirado actualmente por el nivel de compromiso que mostró en torno a sus convicciones; no obstante, tras su conversión, por nadie fue ni tan reconocido ni tan admirado como lo es ahora. El Saulo celoso de la fe y de las tradiciones de sus padres (Gál. 1:14; Hch. 22:3), que iba casa por casa sacando a rastras a los cristianos para encarcelarlos (Hch. 8:3) y era admirado por todos sus compañeros fariseos; de la noche a la mañana, se convirtió en el apóstol Pablo, un instrumento de Dios para llevar Verdad a judíos y a gentiles (Hch. 9:15; Hch. 20:24).

Déficit de amor

Por Fernando Garzón

Uno de los mayores problemas en la actualidad en temas de confusión de identidad sexual, está relacionado con la falta de entendimiento por parte de padres, maestros, sociedad, cultura, psicólogos y gobiernos, sobre la importancia de compartir y propiciar momentos significativos de intimidad, amistad, confianza entre padres e hijos como modelo e hilo conductor en la formación integral de seres humanos saludables, emocional y relacionalmente, capaces de amar y ser amados,  de dar y recibir amor sin temor a equivocarse. Es esta, además, una excelente manera de suplir las necesidades de amor, cariño y afirmación de nuestros hijos.

Vivos para Él

Por Charlie Hernández

Por años, muchos de nosotros hemos batallado con la atracción al mismo sexo y la hemos visto convertirse en un enemigo implacable y cruel, destruyendo nuestras relaciones familiares, haciéndonos personas amargadas, cínicas, inseguras y pedantes al mismo tiempo.

Yo fui alguien que decidió esconder su lucha con esta conducta, por muchos años, para encontrarme luego cosechando el fruto de mentiras y terrores, que me mantuvieron atado a la soledad y a la frustración.

Muchos optan por “salir del clóset” para restregarle en la cara al mundo, a la familia y a las instituciones culturales tradicionales, su ira por los años que trataron de esconder esta situación, por tratar de complacer y de intentar vivir a la altura de las expectativas de otros; y a la vez, como una manera de desquitarse por los apodos, las burlas y las calumnias infligidas por la misma gente que se supone, serían su apoyo.

El amor perfecto echa fuera el temor

La primera epístola de Juan, capítulo cuatro, versículo dieciocho, dice lo siguiente: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor”.

Estos últimos años pareciera que el temor ha tomado la dirección de las decisiones del mundo y que todas sus acciones han sido condicionadas por el mismo. El ser humano, en particular, ha desarrollado un miedo incomprensible a hablar la verdad, prefiriendo resguardarse en un discurso políticamente correcto. Tememos al qué dirán, al “suicidio” social que conlleva hablar con honestidad y a sufrir por causa de ella. Y esta es una lamentable situación de la cual la iglesia, muchas veces, no está exenta.