Intimidad con Dios

Por Tim Broach

Guarda tu corazón

La intimidad con Dios es esencial para el desarrollo del liderazgo espiritual. Proverbios 4:23 nos recuerda “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida”. Buscar a Dios desde la profundidad de nuestro corazón es una de las tareas principales de un líder. Si un líder no presta atención especial a su vida interior, su liderazgo causará más daño que bendición. La investigación de Bobby Clinton de líderes cristianos actuales y también los mencionados en la Biblia, reveló que únicamente el 30% de los líderes terminan bien (Rice, 2007, p 16). La razón por la cual el 70% no terminan bien, está relacionado con un quebranto en su vida personal: mal uso de finanzas, abuso de poder y autoridad, orgullo, fracaso sexual, problemas familiares y estancamientos en su crecimiento personal.

La investigación a pastores realizado por Cordeiro (2009), demostró que la tendencia de agotarse en el ministerio fue alta y que el 80% hablaron de efectos negativos en su vida familiar a causa del ministerio. Para terminar bien como líder es importante ser intencional en “guardar nuestro corazón”. Hay una relación estrecha entre intimidad con Dios y liderazgo espiritual. Rice (2007) observa el problema en el liderazgo cuando hay crecimiento en habilidades sin atención suficiente al desarrollo de la formación del carácter y la relación de intimidad con Dios. Cuando las responsabilidades de un líder crecen, hay más desgaste en su vida interior y necesitan más tiempo para fortalecer sus reservas espirituales, relacionales y emocionales. Pero, irónicamente, su aumento de responsabilidad provee menos tiempo que antes para prestar atención a su vida interior. El liderazgo espiritual no puede ser sostenido sin carácter, y el carácter no puede ser transformado sin intimidad con Dios. Aunque la mayoría de los líderes no terminan bien, la investigación de Clinton también demostró que una característica esencial de los que sí terminaron bien era la intimidad con Dios. El poder para ministrar como líder cristiano viene cuando nuestra vida interior es formada por medio de una relación vivencial con Cristo.

Formación espiritual

El enfoque de la formación espiritual cristiana es el proceso de transformación hacia la imagen de Dios por medio de la obra del Espíritu Santo. El propósito de Dios es que seamos “transformados según la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29). En 2ª Corintios 3:18 se afirma “Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu”. La formación espiritual cristiana es una relación con Cristo y abarca cada aspecto de nuestra vida. Cuando realizaron la pregunta a Cristo de lo “más importante” declaró: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30). La intimidad con Dios involucra la totalidad de lo que somos. La transformación espiritual es integral, afectando cada aspecto de quienes somos. Willard en su libro “Renovación del Corazón” identifica seis dimensiones de nuestra vida que requieren ser restauradas y organizadas alrededor de Dios: (1) nuestra mente (incluyendo pensamientos y sentimientos); (2) nuestra voluntad (corazón, espíritu), (3) nuestro carácter, (4) nuestro cuerpo, (5) nuestra dimensión social y (6) nuestra alma. Abrirnos a la obra transformadora de Dios en nuestras vidas es el núcleo de la formación espiritual. Es el Espíritu Santo quien nos transforma a la imagen de Cristo. No podemos producir el cambio espiritual en nuestras vidas; pero sí podemos abrirnos a la presencia divina, anhelando a Dios con todo nuestro corazón. Las disciplinas espirituales en sí mismas no nos transforman, pero sí pueden crear las condiciones para estar atentos a su obra en nosotros. No hay un formulario, pero sí podemos ser intencionales en nutrir una relación de intimidad con Dios.

Reflexión Personal – les dejo unas interrogantes para que puedan evaluar cómo están actuando en su liderazgo e intimidad con Dios

  1. ¿Cuándo te sientes vivo en tu relación con Dios?
  2. ¿Cuáles son las vías principales (prácticas, formas, disciplinas, lugares, experiencias, etc.) con las que nutres tu intimidad con Dios?
  3. ¿Cuáles han sido las amenazas tanto internas como externas, para “terminar bien” como líder?
  4. ¿De qué manera tus ritmos de vida han contribuido o afectado negativamente a tu formación espiritual?
  5. ¿Quiénes están ayudándote a mantenerte enfocado como líder espiritual?
  6. ¿Por qué es tan importante para ti como líder cristiano ser intencional al nutrir tu intimidad con Dios?
  7. ¿Cuál es el anhelo de tu corazón?

La invitación de Cristo: “¡Ven a Mí!

“¡Vengan a las aguas todos los que tenga sed! ¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno. ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface? Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno, y se deleitarán con manjares deliciosos. Presten atención y vengan a Mí, escúchenme y vivirán”. Isaías 55:1-3 “El Espíritu y la novia dicen: ¡Ven!; y el que escuche diga: ¡Ven! El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida” (Apocalipsis 22:17). Desde el Antiguo Testamento hasta Apocalipsis, la invitación es “Venir” a Dios. Durante toda la vida de Cristo hay tantos encuentros en lo que vemos su invitación de acercarnos a Él en la condición en la que estamos. La invitación fue dada a los pastores por medio de los ángeles, y regresaron “glorificando y alabando Dios”.  Los primeros discípulos fueron invitados a venir y rehacer su vida con Cristo.  La invitación de venir a Él fue dada a los niños “Déjalos venir a Mi” (Lucas 18:16); a los cojos y ciegos; a los pecadores. Él proclamó: “El que a Mí viene nunca pasará hambre” (Juan 6:35). Y frente a la incredulidad de los discípulos después de la resurrección, Cristo les invito diciendo “Ven… toca… ven” (Lucas 24:39-45, Juan 20:27). Seguimos siendo invitados a venir a Él como hijos clamando “Abba, Padre” (Romanos 8:15), y de acercarnos confiadamente al “trono de la gracia” (Hebreos 5:16). Hay muchos otros ejemplos, pero estos son suficientes para captar que Dios desea que vengamos a Él en cada momento de nuestras vidas, y no únicamente “venir”, sino “permanecer” en Él.

RECURSOS RECOMENDADOS

https://exoduslatinoamerica.com/celebrando-el-diseno-de-dios/