Lavarnos en la Cruz

Por Mike Cleveland

David suplicó para que Dios lo lavara y lo limpiara de su pecado (Salmos 51:7). Esta limpieza del alma es lo que nosotros necesitamos también. Necesitamos experimentar una limpieza profunda, un lavamiento de regeneración (Tito 3:5), una purificación de nuestros corazones (Tito 2:14).

La razón para esto es porque la pornografía y la impureza sexual son contaminantes; ambas dejan manchas oscuras en nuestras almas, como tinta negra en un lienzo. El pecado sexual brilla y seduce, pero una vez consumido, nos deja llenos de vergüenza y culpa.

Y esa culpa por el pecado es como una marea que nos arrastra de vuelta al océano del pecado. Esto es exactamente lo que los grupos de rehabilitación mundanos buscan vencer al “seguir el programa” y alcanzar el paso final, para que sentirse mejor y funcionar mejor. Pero Dios nos ha dado en Jesús Su Hijo un camino que cambia el corazón y transforma vidas, y me emociona sobremanera compartirlo contigo.

Hoy vamos a abordar el primero de tres principios fundamentales para obtener libertad. Este principio es también el primero en importancia (1ª Corintios 15:1-4) porque sin él no hay esperanza real de liberación.

Este primer principio es llamado “Lavarnos en la Cruz”. El Rey David oró para ser limpiado de su contaminación, ser lavado y hecho nuevo, y esa oración fue literalmente respondida años después cuando Jesús vino a esta tierra, cargó el pecado de David sobre Sí mismo y murió bajo el castigo de ese pecado; por ende, proveyendo una fuente de limpieza que removió el pecado.

Lo que quiero que entendamos en esta lección es que cuando vemos la cruz de Jesús y creemos que Él está muriendo por nuestros pecados, somos lavados y salvados (Tito 3:5) para la eternidad (Juan 3:16); y por eso no vamos a la cruz solo por salvación; no es un evento de una sola vez, ¡tenemos que ir a la cruz diariamente! (Lucas 9:23).

Y es posible que tú y yo hayamos permanecido atrapados en impureza porque estuvimos andando sucios y contaminados, no sabiendo cómo ser limpiados. El mensaje clave es: ¡cuando somos lavados también somos liberados!

Miremos hoy este pasaje de las Escrituras que muestra la función real de la cruz:

“En aquel día se abrirá una fuente para lavar del pecado y de la impureza a la casa real de David y a los habitantes de Jerusalén. En aquel día arrancaré del país el nombre de los ídolos, y nunca más volverán a ser invocados – afirma el Señor Todopoderoso -. También eliminaré del país a los profetas y la impureza que los inspira” Zacarías 13:1-2 (NVI)

El libro de Zacarías fue escrito alrededor del 500 AC para la gente de Judea que habían retornado de 70 años de exilio en Babilonia, pero fíjate cómo nuestro pasaje apunta hacia un “día especial” en el futuro cuando una fuente sería abierta. Leyéndolo en contexto, vemos que ese “día” es definido en Zacarías 12:10. Fue un “día” cuando un “hijo único” sería “traspasado”. Esto es una referencia a Dios dando Su “único Hijo” (Juan 3:16) para venir a este mundo y sufrir en una cruz, siendo traspasado en Sus manos, pies y costado para el perdón de nuestros pecados.

Entonces, este “día” en particular fue cuando un “único hijo” sería “traspasado” y esto abriría una fuente. Zacarías brinda evidencia adicional en relación con el tiempo en el que este único hijo sería traspasado y proveería una fuente de limpieza:

“¡Despierta, espada, contra mi pastor, contra el hombre en quien confío! – Afirma el Señor Todopoderoso -. Hiere al pastor para que se dispersen las ovejas y vuelva yo mi mano contra los corderitos”. Zacarías 13:7 (NVI)

El momento en cuando el único hijo sería traspasado para abrir una fuente es cuando el Pastor sea golpeado. Esto es cuando Jesús, el “Gran Pastor de las ovejas” (Hebreos 13:20), fue golpeado y colgado en una cruz, y dejado allí para morir por nosotros (Mateo 26:31).

Mira todo lo que sería cumplido en el día en que el hijo único fuera traspasado y el Pastor golpeado. Este traspasar abriría una fuente de limpieza donde las personas vendrían, se lavarían y serían limpiadas de todo pecado e impureza. Esta fuente también removería la idolatría. Idolatría es, en términos simples, la adoración de algo o alguien diferente al Dios verdadero. La pornografía y la impureza sexual son idolatría (Colosenses 3:5), ¡pero esta fuente lava todo! Y esta fuente también desterraría el espíritu de impureza del territorio. ¡Sí!

¡Así de poderosa para limpiar es la fuente, mis amigos! ¿Quieres esta clase de lavamiento?, ¿quieres esta limpieza profunda del alma que lava nuestro pecado en su totalidad y remueve la idolatría del territorio de nuestros corazones?

¡Esta es la manera de encontrar libertad! ¡Se trata de ser limpiados y lavados! Y este no es un evento de una sola vez, no. Recuerda que esta es una fuente, no un estanque. Un estanque está represado y se puede contaminar. Pero una fuente está siempre fluyendo, siempre fresco y nuevo. Es un lugar de limpieza.

Y entonces, ahora que sabemos dónde lavarnos, así es como nos lavamos en la cruz: ven a la cruz ahora mismo y mira a Jesús siendo puesto en ella, soldados romanos martillando clavos en Sus manos y pies, sangre corriendo de las heridas de Jesús. Observa cómo ellos levantan la cruz y la entierran en el suelo. Allí Jesús cuelga en plena luz del día entre el cielo y la tierra, siendo rechazado por ambos, Dios y la humanidad.

¡Quédate allí! Esto no es un acto espontáneo de violencia sin sentido. Jesús está siendo rechazado para que tú puedas ser aceptado. Jesús cargó tu pecado en Sí mismo para que pudieras ser contado como justo. “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios” (2 Corintios 5:21).

No importa lo que hayas hecho, no importa por cuánto tiempo lo hayas hecho, ¡Jesús lo ha deshecho! Como dicen las Escrituras: “… Y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz” (Colosenses 2:14).

Mientras ves a Jesús colgado en la cruz, brotando sangre de Sus heridas, ¡míralo como una fuente! ¡Una fuente para tu limpieza! ¡Una fuente que removerá la impureza de tu vida como lo ha hecho y lo sigue haciendo en mi propia vida! Sí, cada pizca de impureza está siendo lavada en la cruz. ¿Puedes ver esta fuente fluyendo? ¿Crees que Jesús puede limpiarte?

¿Sabes que tus pecados, todos (pasados, presentes y futuros), han sido totalmente pagados en la cruz? ¿Y sabes que tu culpa ha sido totalmente removida por medio de la muerte de Jesús en la cruz y Su resurrección de entre los muertos? Es verdad. Y piensa en esto: ¡Si tu culpa se ha ido también la marea se ha ido! Este es el primer principio de libertad. Lavarnos en la cruz a diario. No podrás creer qué tan limpio, puro y libre esto nos hace hasta que entras en el hábito de hacerlo una y otra vez.

Publicado con permiso: https://www.settingcaptivesfree.com

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