Diversidad Sexual: Un pueblo no alcanzado y rechazado

Psic. Emmanuel Muñoz

 

Una sociedad en transformación

De alguna manera, mientras como Iglesia realizábamos nuestras reuniones, asistíamos a nuestros retiros y hacíamos actividades de evangelismo; avanzaba un movimiento social que hoy pareciera ser una avalancha de cambios, reformas sociales y morales que nunca vimos o que nunca pensamos que llegaría a ser tan intensa. En términos legislativos, en Chile, se logró la ley antidiscriminación, el acuerdo de unión civil entre parejas del mismo sexo y actualmente se está legislando con respecto al matrimonio homosexual, la adopción homoparental y la ley de identidad de género, entre otras. En los medios de información masiva, en educación parvularia, escolar y universitaria; en el cine, las series de televisión, los dibujos animados, etc. podemos ver distintas temáticas relacionadas con la diversidad sexual, que han ido ganando terreno hacia una mayor aceptación, normalización y promoción de la misma; las iglesias no están excluidas.

Si bien podemos informarnos de la contingencia actual en temáticas de diversidad sexual, es importante recordar que ésta no marca nuestra agenda como Iglesia. Y si bien también podemos situar la discusión en elementos científicos y racionales para su reflexión, siempre es importante tener claro que nosotros no convencemos de pecado a nadie, sino que es una tarea del Espíritu Santo (Juan 16:8), y es por ello que nuestro conocimiento de la verdad y una vida en santidad, son nuestra prioridad al momento de acercarnos a este tema. La verdad y la gracia, tal como es el carácter de Cristo (Juan 1:14), deben estar presentes en nosotros, enfocados desde la compasión y la misericordia, recordando que alguna vez, nosotros también estuvimos muertos, en nuestros delitos y pecado (Efesios 2:1).

La Iglesia está siendo desafiada, se están construyendo nuevos paradigmas de identidad con respecto a nuestra naturaleza sexual, a la familia y a Dios. Nos están situando en la vereda de los opresores, las buenas noticias se están transformando en un “discurso de odio” y, de manera incipiente, la censura está pasando a ser nuestra compañera ante el mensaje del Evangelio (Mt. 5:11,12).

Aproximamiento a la homosexualidad desde las Escrituras

Conocidos son los pasajes e historias asociadas con el comportamiento homosexual citado en las Escrituras: Sodoma y Gomorra en Génesis 19; Levítico 18 y 20; Romanos 1:26-27; 1ª Corintios 6:9-11; 1ª Timoteo 1: 9-10, y Judas 7.

Al revisar cada uno de estos pasajes, nos encontramos con que Dios llama a su pueblo a no imitar conductas sexuales propias de los que no le conocen y, entre ellas, está la homosexualidad. Ir en contra de la naturaleza sexual con la cual fuimos creados, y vivir una sexualidad fuera de los parámetros de Dios, atenta contra el plan original de Dios para el ser humano. Las prohibiciones de las prácticas homosexuales en las Escrituras, solo tienen sentido a la luz de los principios y enseñanzas positivas de Génesis 1 y 2, sobre la sexualidad humana y el matrimonio heterosexual.

John Stott (2005), nos invita a considerar algunas bases propias de nuestra fe para acercarnos a este tema. En primer lugar, todos somos seres humanos heterosexuales, no existe una persona diferente que sea homosexual. En segundo lugar, todos somos seres sexuados, lo cual es una característica central de nuestra identidad: somos hombres o mujeres creados y diseñados para una orientación heterosexual. En tercer lugar, sin Cristo, todos somos esclavos del pecado, y de los pecados sexuales entre otros, por tanto, no debemos abordar este tema con un sentimiento de superioridad espiritual ni moral, sino bajo el reconocimiento de su gracia inmerecida sobre nuestra vida. Finalmente, todos somos cristianos, fuimos esclavos del pecado y, por tanto, debemos someternos al señorío de Cristo y abordar este tema desde su óptica y su carácter, lleno de gracia y verdad.

La imagen de Dios en la creación del hombre y la mujer, siendo el uno para el otro, hasta el punto de formar una sola carne, así como la relación de Dios con su pueblo, y de Cristo con su iglesia, es el trasfondo bíblico para cualquier discusión sobre la inclinación y la práctica homosexual. Puede ser poco lo que la Biblia dice explícitamente sobre la homosexualidad, pero lo que dice a través de diversas imágenes nupciales –todas ellas de naturaleza heterosexual–, son de importancia y cantidad abrumadora, y no ocupan un papel periférico, sino que son usadas para la explicación del Evangelio mismo.  Si dejamos de lado los principios, la enseñanza y práctica bíblica sana y positiva sobre el sexo, y el matrimonio, nuestra perspectiva de la sexualidad y homosexualidad seguramente será tergiversada.

¿Cómo alcanzar a quien rechazo?

Uno de los efectos nocivos que los medios de comunicación pueden haber generado en algunos de nosotros, es un rechazo a las personas con orientación homosexual o con una identidad transgénero, tal vez nuestro rechazo viene por la falta de información o por el temor a acercarme a una temática tan compleja, desconocida y de debate intenso en la sociedad. Mientras unos “salen del clóset” otros se “meten a las iglesias”.

Comenzaremos entonces redefiniendo un concepto. Ya no hablaremos de personas homosexuales o transexuales, la razón es simple: no existen. ¿Quién dijo que nuestra identidad sexual se basa en nuestros sentimientos, o en lo que pensamos de nosotros mismos?  El ser humano ha sido creado y diseñado por Dios con una anatomía y fisiología perfecta para vivir su sexualidad de manera heterosexual. Esta distinción es clave y, a la vez, la base para todo proceso de cambio, ya que, al hablar de personas homosexuales, estamos atribuyéndoles una identidad, algo inmutable, un rasgo distintivo y definitivo. La naturaleza sexual fue dada por Dios y es confirmada en nuestra biología (Génesis 2:18-23); por lo tanto, hablar de personas con Atracción al Mismo Sexo (AMS), o personas con Identificación Transgénero, sería más adecuado a nuestras cosmovisión cristiana, ya que al hablar de “personas” se atribuye implícitamente la naturaleza sexual (hombre-mujer), y el potencial de su orientación (heterosexual), de acuerdo con el diseño de Dios.

La gran cantidad de personas que han dejado de tener Atracción hacia el Mismo Sexo o que han dejado de identificarse como transgénero, no hace más que confirmar el hecho de que las experiencias de vida por las que atraviesa el ser humano, pueden alejarnos y confundirnos de los planes que Dios tiene para nosotros en relación al diseño y naturaleza de nuestra sexualidad.

Seguramente, más de una vez ha escuchado frases como: “los gay nacen, no se hacen”, “desde que era niño supimos que era raro”, “desde pequeño me gustan los hombres”. Estas y otras frases, repetidas a lo largo del tiempo, han generado en la población la idea de que la homosexualidad es una condición heredada o, de alguna manera, determinada por elementos biológicos, de origen genético, o por la influencia de determinadas hormonas en el ambiente intrauterino, que influyeron en el desarrollo del bebé y determinaron su homosexualidad. El mito comenzó a expandirse y fortalecerse, cuando comenzaron a aparecer estudios de orden biológicos que afirmaban haber descubierto el “gen” o el “cerebro” gay. Aun cuando se han realizado distintas investigaciones al respecto, no ha habido consenso en la comunidad científica con respecto a una explicación desde la biología para la homosexualidad, ni tampoco evidencia de que haya elementos biológicos, neuronales, hormonales o genéticos que predispongan hacia la homosexualidad.

Por otro lado, hay bastante evidencia respecto a factores de riesgo psicosociales asociados a una confusión en la orientación o identidad sexual, algunas de las influencias tempranas pudieran ser: ausencia de un vínculo afectivo sólido con el progenitor del mismo sexo; sentimientos de abandono, rechazo o precepción de un ambiente inseguro y hostil en el hogar, consumo de pornografía homosexual; autoimagen desvalorizada (como hombre o como mujer); abuso sexual infantil, lo que implica la transgresión de los límites íntimos y en ocasiones alienación del propio cuerpo, mezclando el vínculo afectivo de amor y confianza con estrategias de amedrentamiento, (situación que genera gran confusión y culpa en las víctimas); burlas del grupo de pares (coetáneos), en donde, por ejemplo, el niño que tiene un temperamento más sensible o interés por lo artístico, que no juega fútbol y se interesa en el arte, es rechazado por medio de la burla, o la niña que gusta de un deporte competitivo es catalogada por sus compañeras como “poco femenina”, lo que se traduce en ambos casos en una exclusión, situación que les genera problemas de identificación con su grupo de pares del mismo sexo, y una autoimagen insuficiente para su propio sexo, o “disconformidad” del mismo. Esto produce la sensación de ser distinto al resto: “no soy lo suficientemente hombre” o “no soy lo suficientemente femenina” ¿Qué soy entonces?

El impacto que tiene la forma en la que los padres se relacionan con sus hijos durante su niñez temprana puede variar. Al haber abandono o negligencia emocional severa en esta etapa, los efectos pueden ser devastadores. El niño o niña va formando un modelo propio de las relaciones, y con ello su lugar en ella, es decir, comienza la confirmación de su identidad y el lugar que ocupa en este mundo, pequeño, pero significativo, como es su hogar. El niño aprende todo de sus padres, y se autodefine según la mirada que ellos tienen de él o según la mirada que el niño interpreta que tienen de él. Un niño que cree que sus padres no lo valoran tal cual es, o que siente que no cumple con las expectativas de sus padres, se sentirá confundido, inseguro e inferior, y buscará todos los mecanismos posibles para dar gusto a sus padres, a fin de complacerle y aprender a desentenderse de sus propias necesidades para mirar las necesidades, logros, emociones y cualidades de los demás.  En un desbalance de envidia y narcisismo, anhelando siempre el reconocimiento y afecto que no le fue entregado en la infancia y ahora deposita su necesidad en alguien más, preferentemente del mismo sexo, es ahí cuando el anhelo se erotiza.

Lo significativo del tipo de apego que van desarrollando los padres con los hijos, es que estos “moldes” de cómo son las relaciones, suelen sentar la base en los niños de lo que es su autoimagen, (identidad sexual), y las de sus futuras relaciones afectivas, entre las cuales están las de pareja (orientación sexual).  Por ello es que los padres son responsables de educarse (y ser la iglesia su principal fuente de educación) sobre los primeros meses de embarazo, y a lo largo del período que duran las etapas de la crianza, a fin de que presten atención especial a los primeros años de vida del infante, pues es en ese período donde se sientan las bases para el desarrollo de vinculación posterior.

Cada uno de estos elementos, por sí solos, no se constituyen como determinantes para el desarrollo de la AMS, pero si se dan en conjunto, aumentan la probabilidad de que ocurra una confusión en su identidad u orientación sexual. Varias de estas descripciones están ampliamente descritas en la literatura y para ello recomiendo leer con detenimiento al autor Joseph Nicolosi, quien presenta con detalle y elocuencia la influencia de cada uno de estos factores en el desarrollo de la AMS en hombres y mujeres.

Proceso de restauración

No es de sorprenderse que muchas de las personas con las que compartimos a diario en nuestras congregaciones, o en nuestros lugares de trabajo, tengan algún historial de confusión de identidad sexual o de algún modo, han tenido algún tipo de práctica relacionada con ello.  Lo cierto es que, así como vemos que personas “salen del clóset” y reconocen su homosexualidad; hay otras que “salen del closet” del engaño y las mentiras relacionadas con su identidad sexual y logran una identidad íntegra en coherencia con su naturaleza heterosexual. Ambas situaciones son emocionalmente intensas y no están exentas de dudas, miedos e incluso retrocesos, independientemente de que, como cristianos, nos pueda resultar más cómodo estar cerca de personas con historias de haber abandonado la homosexualidad, debemos estar siempre dispuestos a mantener una actitud de amor y comprensión, en ambos casos.

Dios obra los cambios como Él desea, de la manera que Él lo desea. Esto es importante al momento de querer acompañar a personas que desean dejar la homosexualidad, y en general cualquier tipo de pecado. Nuestra tarea principal no es que las personas dejen la homosexualidad, sino presentarles la verdad del Evangelio de Jesucristo, para que sean salvas y para que Dios comience un proceso de restauración, según SU plan y no el nuestro. De manera más simple, nuestro principal enfoque no es que las personas dejen la homosexualidad, sino que conozcan el amor de Dios; Dios hace el resto y nosotros acompañamos (1ª Corintios 6:11).

La experiencia de distintas personas y organizaciones, que trabajan ayudando a quienes desean dejar la homosexualidad, es que la restauración radical e instantánea es poco frecuente. Por lo general las personas continúan luchando, durante una parte de sus vidas, con sentimientos homoeróticos, en mayor o menor grado.  Algunos logran casarse, tener hijos, pero siguen experimentando este tipo de atracciones; aunque ahora pueden tener ya una comprensión del origen de la AMS, y se sujetan adecuadamente a su identidad en Cristo. Otros cambios que se han podido ver están orientados a la vida plena en celibato, cultivando amistades y el servicio en la congregación, (ver testimonio de Vaughan Roberts en www.es.livingout.org). Para la mayoría de las personas con AMS que aceptan a Cristo y la nueva vida que Él ofrece, su verdadero cambio no está centrado en lo que sienten. Es un cambio de identidad desde el interior, que dará como resultado un cambio de pensamiento y de conducta. El cambio anhelado, a menudo apunta al engaño mismo de la ideología de la diversidad sexual, el cual lleva a la persona a pensar que sus sentimientos definen su Identidad.

Esto significa que, como parte de su proceso de restauración, hay que enseñarle a la persona que su identidad ya no está basada en sus sentimientos, y ciertamente tampoco en sus deseos sexuales o en su batalla con el pecado. Pablo en Gálatas 5:24 nos dice: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. Su identidad se convierte en lo que la persona sabe que es verdad, de acuerdo con la Palabra de Dios. Se perciben en integridad con su naturaleza biológica, diseñada específicamente por Dios, para vivirla en plenitud y para glorificarle a Él; y ante la duda (o culpa), han aprendido a verse plenamente justos basándose en el sacrificio de Cristo, perfecto y de manera única por todos sus (nuestros) pecados, Romanos 3:20-24.

El camino de restauración de la homosexualidad termina, no comienza, con la conducta. Y aun después de que la conducta homosexual haya cesado, hay mucho trabajo por hacer en el proceso de asumir la nueva identidad en Cristo. Aunque sabemos que dejar ciertas conductas es importante, sabemos también que no es un indicador seguro de un cambio interior en el corazón de la persona.

Durante dicho proceso, surgirán a la luz las raíces de la atracción hacia el mismo sexo, y de igual manera surgirá la necesidad de relacionarse de manera saludable con personas del mismo sexo. De esta forma, hombres y mujeres se encuentran a sí mismos, con menos deseos de tener intimidad sexual con personas del mismo sexo. Es importante entender que la lujuria o la tentación, puede seguir manifestándose, y lo hará con frecuencia. A menudo la capacidad de ser tentado, o de sentir lujuria por el mismo sexo, no desaparecerá por completo; sin embargo, tales tentaciones ya no dominarán la vida o la conducta de las personas. Las tentaciones se tratan como lo que son: una señal de algún otro problema que debe abordarse con el Señor.

Las historias de personas que han dejado la homosexualidad, u otras dificultades relacionadas con la identidad sexual, están llenas de testimonios de cómo hubo cristianos que actuaron de manera diferente a la clásica actitud de desprecio, indiferencia, condenación e incluso falsa complacencia, con la que muchos cristianos reaccionan ante estos temas. Sin ir más lejos, quizás para nosotros mismos fue una actitud de amor de algún otro cristiano lo que nos dio la confianza de asistir por primera vez a una iglesia. En ese sentido, pensar que usted no puede marcar una diferencia, o peor aún, no desea marcar una diferencia, es contrario a nuestra misión como cristianos. Debemos ser la luz y sal de la tierra y hacer discípulos de todos los pueblos; desde esa perspectiva, a la comunidad gay también podríamos llamarla “un pueblo”, no solamente no alcanzado, sino además rechazado.

Desde el momento en que entregamos nuestra vida al Señor Jesucristo, inicia un proceso de santificación y maduración, que puede tomar diversas formas y procesos a lo largo del tiempo. La única fórmula necesaria para el proceso de restauración, es que la persona desarrolle una intimidad con el Señor y que participe activamente en una comunidad de fe.  De esa manera, la historia de restauración de una persona que dejó su atracción el mismo sexo es muy similar a nuestras propias historias.  La meta del cambio no debería ser la heterosexualidad, sino la sanidad de las heridas relacionales, emocionales y sexuales; mediante un proceso de acompañamiento, de discipulado sostenido en el conocimiento de la Palabra y de una vida de oración; es entonces que la persona va siendo transformada a la gloriosa imagen de Cristo (2 Corintios 3:18). Crecer en su heterosexualidad, entre otras cosas, será una consecuencia de ello.

Nuestro desafío como Iglesia

Espero que este documento nos permita asomarnos un poco a la realidad de la diversidad sexual y el primer desafío de iniciar un proceso de oración, reflexión y acción respecto al rol que jugaremos de aquí en adelante como Iglesia. Siempre podremos huir a Tarsis, siempre habrá un pez esperando por nosotros y siempre habrá un pueblo que oirá, creerá e invocará a Jesucristo ¿Quién irá en pos de esta predicación? (Ro 10: 14-15).

“Me es más fácil encontrar sexo en la calle, que un abrazo en la iglesia”. Esta frase la encontramos en el libro de Philip Yancey, (1998) Gracia Divina versus Condenación humana, en referencia a una mujer que se dedicaba a la prostitución. Al recordar ello me hace reflexionar que, antes de pensar en algún desafío futuro, quizás debamos volver nuestra vista atrás y pedir perdón al Señor (y si es necesario a gente), por actitudes, acciones u omisiones frente a personas que buscaban, o no, ayuda frente a un asunto de identidad sexual. Es probable que por primera vez usted o su iglesia se estén abriendo a la posibilidad de abordar este tema, lo cual podría significar que quizá por años hemos sido duros o indiferentes frente al dolor y la necesidad de Cristo de personas con atracción al mismo sexo.

Jesús es claro al mencionar que vino a los enfermos, a los quebrantados de corazón, a quienes vivían presos o cautivos a causa del pecado (Lucas 4: 18-21).  Ahí estamos todos y cada uno de nosotros, incluso las personas de la comunidad LGBTI+ (lesbianas, gay, bisexuales, transexual, intersexuales, etc.), incluidos sus líderes. En oración, debemos estar sensibles a pedirles perdón a quienes hemos herido por nuestras actitudes previas, antes de aceptar el desafío del Señor para nosotros y para nuestras congregaciones de acercarnos a los no alcanzados y rechazados, por su orientación o identidad sexual y, con gracia y verdad, predicarles el Evangelio y acompañarlos en su proceso de santificación.

Otro desafío importante es poder mirar la realidad de las personas y familias en nuestras congregaciones, hacer un alto en nuestras agendas y preguntarnos ¿por qué hacemos las actividades que hacemos? Retiros, paseos, campamentos, abordar ciertos temas, capacitaciones, etc. que no responden a las necesidades y cambios que estamos viendo o deseando en nuestra sociedad, y en las familias de nuestra congregación. La Iglesia del Señor es un cuerpo vivo que no debe ser llevado por la costumbre o las tradiciones de lo que “hemos hecho siempre”; mayores divorcios, alejamiento de la fe a más temprana edad, embarazos adolescentes, VIH, violencia, homosexualidad, promiscuidad, vanidad, desarrollo personal, avaricia, etc., la lista es larga, pero el paseo a fin de año es una tradición…¡NO! ¿Qué tal un retiro padre-hijo, o madre-hija? ¿Qué tal un grupo de adolescentes que se vincule con los padres, o estudios bíblicos en familia? ¿Qué tal una escuela para padres que sea realmente funcional? La idea no es sumar actividades, sino orar, percibir la necesidad y pedir dirección de Dios con respecto a su voluntad para la congregación en este tiempo, (Éxodo 13: 20-22 / 40:36, 37).

Finalmente, el mayor desafío es llevar una vida de discípulos, sujetos a la Verdad (Juan 8:31-32), y entender que como iglesia estamos en tiempos complejos.  Conocemos por medio de las Escrituras que seremos aborrecidos por el mundo (Juan 15:9), y obviamente por toda la ideología de género que sostiene, entre otras cosas, el discurso en pro de la diversidad sexual, y la cual hará hasta lo imposible por borrar toda huella de cristianismo. Tendremos persecución (2ª Timoteo 3:12), y debemos prepararnos para presentar defensa de nuestra esperanza con reverencia y mansedumbre (1ª Pedro 3:15), teniendo claro que la victoria ya está garantizada (Juan 16:33).

El presente escrito representa una breve guía que esperamos pueda ser ampliada por el lector por medio de la oración y la meditación en las Escrituras, la investigación y el conocimiento de personas que atraviesan por dificultades asociadas a su identidad u orientación sexual. Pero no solo debemos quedarnos con el desafío de la restauración, sino también, el de la prevención mediante el fortalecimiento de las familias por medio del discipulado y de nuevas formas de compartir entre nosotros.

Algunos siembran, otros cosechan, pero el crecimiento lo da Dios. A Él sea la gloria.

Referencias Bibliográficas

Stott, John. 2005. “La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos”. Libros Desafío. Michigan

Yancey, Philip. 1998. “Gracia Divina versus Condena humana”  Editorial Vida, Miami.

Referencias de Internet

Muñoz, E., (03/03/2017) “¿Cómo le explico a una persona que la homosexualidad no es correcta?” Publicado por COSMOVISIÓN. Recuperado de http://cosmovision.cl/le-explico-una-persona-la-homosexualidad-no-correcta/

Bibliografía sugerida

Hallman, Janelle. El corazón de la AMS femenina. Disponible en Internet.

Lutzer, Erwin. La verdad acerca del matrimonio homosexual.

Moberly, Elizabeth. Homosexualidad: Una nueva ética Cristiana. 1983. Disponible en InternetNicolosi, Joseph. Guía para padres para la prevención de la homosexualidad. Disponible en Internet.

Phelan, James. Whitehead, Neil. Sutton, Philip. Lo que muestra la investigación: La respuesta de NARTH a la afirmación de la APA sobre la homosexualidad. Boletín de Sexualidad Humana, Volumen I. 2009)

Schmidt, Thomas. “La homosexualidad: Compasión y claridad en el debate”. Editorial Clie. 2008

Recursos de Internet sugeridos

www.esposiblelaesperanza.com

www.narth.com

www.placeresperfectos.com.ar