Por Daniel Schwartz

Siendo el hermano menor de ocho hijos, crecer en un pueblo tranquilo en el norte de California fue agitado y ruidoso. Mi papá tenía tres trabajos para ayudar a pagar las cuentas, y mi mamá se quedaba en casa la mayor parte del tiempo para asegurarse de que sus hijos estuviéramos bien cuidados. En general, la vida era normal: ir a la iglesia todos los domingos, asistir a eventos deportivos y cocinar en casa todos los días, porque salir a comer era terriblemente caro. Uno de mis pasatiempos favoritos eran mirar televisión, hacer caminatas por el bosque y jugar con nuestro perro mascota, Skipper. Sin embargo, una serie de eventos serviría para alterar mi vida en los años venideros.

Katrina Kalinowski

Antes de entrar en materia, quiero aclarar un concepto erróneo común sobre la trata de personas. En los cuatro años que he trabajado con sobrevivientes y escuchado sus historias, nunca escuché a ninguno de ellos decir que fueron secuestrados. Cada mujer con la que he hablado ha tenido algún tipo de “relación” con su traficante. Las redes sociales suelen ser la plataforma que utiliza el traficante. Hoy en día, generalmente publicamos todo sobre nuestras vidas. Esto es lo que buscan los traficantes. Recorren y buscan a los vulnerables. Luego se harán amigos y se ganarán su confianza. Los traficantes son muy hábiles en lo que hacen. En cuestión de días se habrán ganado tu confianza, te habrán convencido de que tienen una vida mejor para ti y de que te quieren. Esta es una de las razones por las que la mayoría de las mujeres tienen dificultades para salir y sanar. Sienten que tomaron la decisión inicial de estar con su traficante, por lo que ahora se merecen lo que reciben.

Por Dr. Doug Carpenter

Un famoso psicólogo, Carl Jung, dijo que “la vergüenza es una enfermedad que devora el alma”. El abuso sexual es la vergüenza secreta que yace profundamente dentro de los niños y de los hombres. Durante décadas, el enfoque de la investigación sobre el abuso sexual, los programas educativos y los medios de comunicación se ha centrado en el sufrimiento de las mujeres. Se ha prestado mucha menos atención a los efectos del abuso sexual en los hombres.

¡Los hombres que han sufrido abuso sexual merecen ser escuchados y sanar! El niño interior herido merece ser consolado y protegido, y el adulto merece estar libre del impacto del abuso sexual y pasar a vivir una vida feliz libre de compulsividad y disfunción emocional, física, relacional y sexual.

Por Don Schmierer

He estado con una madre que estaba muriendo de cáncer, tenía su corazón destrozado porque dejaba atrás a  una familia joven para ser criada por el padre. No hace mucho tiempo, mi esposa y yo nos sentamos con una madre despojada, quien quedó sola para criar a sus niños después de que su esposo fue asesinado por un conductor ebrio. He visto la devastación de la vida y la propiedad ocasionada por lo que las compañías de seguros llaman “actos de Dios o desastres naturales”. Mi corazón se ha dolido sobremanera en la medida en que he llegado a conocer a las víctimas entre mis prójimos –almas desechas, con carne y sentimientos humanos y sueños, así como los suyos y los míos. Podría escribir una obra de libros acerca de las heridas y dolores que he encontrado.

Si, la vida es injusta. La vida lastima. La vida deja atrás al herido, al quebrantado y al perdido Y eventualmente se hace la pregunta, “¿Así que dónde estaba Dios? ¿Cómo pudo permitir Él que esto aconteciera?” Tristemente, a causa del enojo dirigido a Él, mujeres y hombres heridos, a menudo rehúsan ir a la misma Fuente de curación y esperanza que ellos necesitan tan desesperadamente. ¿Es Dios, en realidad, responsable? A mí me gustan las palabras de Phillip Yancey en Tratando de Alcanzar al Dios Invisible,

“Cuando la Princesa Diana murió en un choque de automóvil, yo recibí una llamada telefónica de un productor de televisión ¿puede usted aparecer en nuestro programa? Preguntó él. Queremos que usted explique cómo pudo Dios permitir que un accidente tan terrible sucediera.” Sin pensarlo yo le contesté, ¿pudo eso haber tenido algo que ver con un conductor borracho que iba a noventa millas por hora en un túnel estrecho? ¿Exactamente, cómo estuvo Dios implicado?

 Jesús se afligió acerca de muchas cosas que sucedían en este planeta, una señal segura de que Dios las lamenta mucho más que nosotros… la Biblia no nos suministra respuestas sistemáticas a las preguntas de los “¿por qué?”, y a menudo las evita enteramente. La providencia divina es un misterio que sólo Dios entiende. … Ningún humano amarrado al tiempo, viviendo en un planeta rebelde, ciego a las realidades del mundo que no se ve, tiene la habilidad de comprender tales respuestas…”

 Tú puedes estar enojado con Dios. Puedes no creer aún en Dios. Y aunque creas puedes preguntarte si Él está interesado personalmente en ti, y si puedes confiar en Él.

Este Dios de quien te voy a hablar no es un campo de energía separado y desinteresado ni una fuerza cósmica. Él no es un amable abuelo que quiere que nosotros seamos simplemente “felices” y Él no es una palabra mágica que podemos decir para obtener cualquier cosa que queramos. También estarás contento de saber que Él no se parece a ningún padre áspero y disciplinador que has conocido en la tierra. De hecho, Su deseo es hacer inmensurablemente más que todo lo que pudieras pedir o imaginarte, (Efesios 3:20). Y esto es lo que tu Dios Padre dijo a su pueblo en tiempos antiguos, y todavía lo dice a su pueblo hoy:

“Porque Yo sé los planes que tengo para vosotros,” declara el Señor, “planes para darles prosperidad y no dañarlos, planes para darles esperanza y un futuro. Entonces me invocareis y vendréis y orareis a mí, y yo os oiré. Me buscareis y me hallareis porque me buscareis de todo vuestro corazón.” (Jeremías 29:11-13).

 Tomado con permiso del libro “Sanando heridas del pasado” De Don Schmierer, disponible en la librería de Exodus Latinoamérica, ventas@exoduslatinoamerica.org. Derechos Reservados.

Don Schmierer ha dedicado cuatro décadas de su vida al ministerio cristiano y la consejería. En 1958, mientras se encontraba al servicio de la armada de su país, se vinculó al ministerio Los Navegantes, el cual estaba dirigido a militares y estudiantes universitarios. Fundó “His Sevants” en 1958, continuando así su trabajo entre estudiantes, profesionales y líderes de iglesias. Él y su esposa Diana también han colaborado en varios programas cristianos para la recuperación de adictos. Don y Diana han estado casados por más de 40 años. Su trabajo incluye la administración de proyectos y propiedades. Viven en una granja en el norte de Carolina.