Por Lori Rentzel

Si has tratado de ser un cristiano, pero has estado cayendo en pecado, hay un paso importante que Dios quiere que tomes.Tenía 19 años cuando le pedí a Cristo que entrara en mi vida. Hice esto con gran aversión, más bien impulsada por el temor de que Jesús pudiera regresar pronto y que no estaría preparada para ir con Él.A pesar de mi negación en aceptarlo, Cristo vino a mi vida y vi algunos cambios. De pronto estuve consciente de la presencia de Dios. Descubrí que podía entender la Biblia por primera vez y empecé a disfrutar de cosas que anteriormente no podía, tales como ir a la iglesia y platicar con mis nuevos amigos cristianos. Era como si hubiera entrado a un mundo nuevo, uno del cual habla ignorando su existencia.Pero era miserable. Cada día era una lucha por permanecer con interés hacia Dios. Reunirme en el bar los viernes por la noche era mucho más gratificante para mí que asistir a una reunión de oración.

Por Leonor M.

Actualmente hay mucho desconocimiento de lo que es la homosexualidad, y más aún de cómo abordar a las personas que luchan con atracción por el mismo sexo (AMS), por ello en ocasiones sólo se trata de ignorar la situación o de lado contrario se utiliza hostilidad y agresividad que ocasionan el efecto contrario al buscado: aleja, aísla y resiente a la persona.

Si eres un pastor, líder, padre de familia, o simplemente una persona interesada en ayudar a alguien en esta situación, aquí te presentamos algunos consejos prácticos para abordarlo y generar un ambiente de confianza que facilite el poder brindarle una ayuda más efectiva.

  1. Infórmate sobre la homosexualidad

Conoce qué es la homosexualidad, sus causas, cuáles son las situaciones conflictivas que viven las personas que luchan con tendencias de AMS.

Tener claro que LA PERSONA ES HETEROSEXUAL, y que cuando solucione sus conflictos dicha heterosexualidad emergerá, aunque la finalidad de la restauración es que la persona asuma su identidad como hijo de Dios, y no que tenga atracción por personas del sexo opuesto o que se case.

  1. Respeta a la persona, hónrala.

No ofendas, evita comentarios y actitudes hirientes hacia la persona y en general de las personas que sufren de AMS, menos desde el púlpito.

Sigue la regla de oro: trátalo como quieres ser tratado (Mateo 7:12), y todos requerimos atención, aceptación y afecto.

En términos prácticos tratar a otros con respeto significa:

  • Afirmar las cualidades de los demás.
  • No burlarse de otras personas ni llamarles con apodos
  • No contar chistes gays.
  • No unirnos cuando nuestros amigos se burlan de otra persona (esto es difícil no hacerlo, pero es importante).
  • No hablar de otros a sus espaldas, decir mentiras sobre ellos ni decir sus secretos. Permitir que otras personas tengan diferentes creencias y tomen decisiones diferentes, en lugar de insistir en que creen y elijan las cosas que hacemos.
  • Escuchar cuidadosamente y hacer el mejor esfuerzo para entender lo que dice la otra persona. Cuando no entendemos algo, le pedimos amablemente para obtener una explicación. Por ejemplo, “no creo que haya entendido lo que acabas de decir. ¿Puedes explicarlo nuevo?” (en lugar de “¿qué quieres decir?! ¡No tiene ningún sentido en absoluto!”).
  • Tratar bien a todos.
  1. Sé incluyente. Intégralo en las actividades, no lo rehúyas ni excluyas.

Principalmente involúcralo en actividades propias de su sexo. Es una forma de que se identifiquen con su propio sexo, aprendiendo a comportarse de acuerdo a su género.

  1. Bríndale tu amistad sincera.

Debido a que una de las principales carencias que las personas con AMS han tenido es la FALTA DE IDENTIFICACION CON SU PROPIO SEXO. Es importante tener en mente que debido a sus problemas relacionales en ocasiones puede ser complicado llevar una amistad. Se paciente. Dale la oportunidad de tener compañerismo con sus pares.

  1. Mira a tu amigo como una persona, no te enfoques sólo en su sexualidad.

Ante todo, tu amigo es una persona, un ser humano con sentimientos, inteligencia, esperanzas y temores, habilidades, fortalezas y debilidades. No dejes que lo que sabes acerca de su sexualidad, anulen todas las otras cosas que sabes acerca de tu amigo. Aún tiene todas las cosas buenas (y malas) que tenía antes de que supieras esto.

  1. Fomenta un ambiente de confianza que permita el diálogo.

Toca el tema u otros similares en forma que expreses tu posición de comprensión y esperanza para él.

Si eres líder: Predica sobre el tema en forma constructiva, sin burla, mofa o condenación. No es el pecado imperdonable.

  • Puedes mencionar algo de las noticias o de un programa de televisión que tiene que ver con la homosexualidad.
  • Puedes comentar cómo te molesta cuando hablan mal de los gays y lesbianas.
  • Si te has dado cuenta de que algo es molesto a tu amigo, puedes decir algo como: “parece que eso te molesta ¿quieres hablar sobre el tema?” Si tu amigo dice que no, respeta su elección, pero comunícale que te encuentras disponible.
  • Podrías compartir algunas cosas personales de ti, para mover su amistad a un nivel más profundo donde tu amigo puede sentirse más cómodo hablando de cosas personales.
  • Le puedes preguntar directamente.

Lo que elijas, depende de varias cosas: ¿por cuánto tiempo se conocen entre sí? ¿Es tu amigo generalmente agradable y abierto, o él o ella no dice mucho acerca de cosas personales? ¿Qué dirías si tu amigo te preguntara por qué quieres saber? ¿Qué le dirías acerca de tu actitud hacia la atracción del mismo sexo?

  1. Escúchalo y comunícate abiertamente.

Escucha los sentimientos que están detrás de las palabras que utiliza tu amigo. ¿Se siente solo? ¿Enojado? ¿Deprimido? Si tu trabajo no es la consejería, de todos modos, puedes apoyarlo sólo por escuchar y reconocer sus sentimientos. No saltes a conclusiones: escucha cuidadosamente lo que dice tu amigo y presta atención a lo que hace él o ella, basa tus conclusiones en eso, no en rumores o historias que escuches sobre tu amigo. Pregúntale directamente aun cuando se trate de sus sentimientos por ti o por otra persona, puede decidir no responder, pero es de esperarse que se obtendrá algún tipo de respuesta que te dará una idea más precisa de lo que tu amigo piensa y siente en lugar de simplemente “llenar los espacios en blanco” tú mismo.

Si te confiesa que es gay, proporciona retroalimentación verbal, no asumas que tu amigo sabe cómo te sientes acerca de lo que se ha compartido -es probable que él o ella tenga miedo al rechazo y es importante decir lo que se piensa.

Dependiendo del caso, podrías decir:

  • “Me preguntaba si eras gay, por lo que no me sorprende que me lo digas. Eso no cambia cómo me siento acerca de ti; eres mi amigo, y eso es todo”.
  • “Bien, realmente no tenía idea, pero está bien. Somos amigos, ¿no?”
  • “Eso me desconcierta un poco. No tenía ni idea. Pero yo todavía quiero ser tu amigo, aunque necesito un poco de tiempo para acostumbrarme a la idea. ¿Está bien?
  • “Gracias por ser tan abierto. Me siento un poco incómodo con esto… ¿me ayudarías a entender más acerca de esto?”

Para animarlos a hablar puedes decir algo como: “Siento como que algo te preocupa, cuando desees hablar sobre eso, aquí estoy yo para escucharte”

Si alguien empieza a comentarte detalles más personales o íntimos que no te hacen sentir cómodo, puedes amablemente decir algo como: “Me alegra que confíes en mí tanto que podemos hablar de todas estas cosas. Pero estaba considerando que preferiría no escuchar todos los detalles acerca de ________ ¿te importaría omitirlos?

Si tienen diferentes puntos de vista sobre el tema, dialoga si él lo desea, pero no discutas. El dialogo no trata de forzar a la otra persona a estar de acuerdo contigo. Todos tienen el derecho de creer lo que deseen creer, aunque no haya ninguna evidencia que sostenga sus creencias, respetar a otro involucra el concederles ese derecho.

SI LA PERSONA TE CONFIESA TENER TENDENCIAS O COMPORTAMIENTO HOMOSEXUAL… TAMBIEN PUEDES:

  1. Apoyarlo para que busque ayuda o consejería basada en principios bíblicos

Reconociendo tus límites. Si la persona está luchando con sentimientos de AMS o ya con la conducta homosexual, pero DESEA CAMBIAR ESO, lo puedes ayudar. Si cree que está en lo correcto sólo te queda respetarlo, dejándole claro que lo aceptas como persona pero que no estás de acuerdo con esa forma de vida.

  1. Guarda siempre la confidencialidad.

No defraudes la confianza que depositó en ti. Si necesitas comentar con alguien maduro y discreto el asunto para que te oriente, no des nombres ni circunstancias que puedan identificarlo.

  1. Ora por tu amigo.

Si eres cristiano lo más valioso que puedes hacer es orar por esa persona para que Dios le hable, y le dé convicción de que ese estilo de vida no le agrada a Él, a fin de que tu amigo busque al Señor y de la restauración que Él Señor, sanado sus heridas internas, transformando su entorno y cambiando su conducta.

Recuerda siempre que con misericordia y verdad se corrige el pecado (Proverbios 16:6), y que es la BONDAD DE DIOS la que guía a una persona al arrepentimiento (Romanos 2:4).

Por Dan Hitz – Director de Reconciliation Ministries

Familia Emocionalmente Saludable

Este artículo se centra en algunas maneras que puede construir y mejorar la relación con su hijo. Lo comunicacion-padres-e-hijos-aletheiamejor sería empezar a utilizar estas ideas desde que nuestros hijos son pequeños. Sin embargo, si su hijo es mayor, no es demasiado tarde para comenzar. Dese cuenta de que se necesitará más tiempo construir o reparar una relación cuando su hijo ya es mayor. A veces es posible que necesite un poco de ayuda exterior como la de un consejero o un pastor. No importa la edad que tenga su hijo, podemos confiar en el Señor para que nos guíe en la crianza que les damos a nuestros hijos.

Por Tati Martínez

LOS HECHOS

El abuso sexual es setenta y cinco veces más común que el cáncer pediátrico.abuso-sexual-infantil-ethosvirtual.blogspot.com_

Una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños serán abusados sexualmente antes de llegar a los dieciocho años.

De acuerdo con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, en la Unión Americana hay un abusador por cada milla cuadrada.

Como cristianos, nuestra forma de pensar sobre el abuso infantil debe ser guiada por cómo ve y valora Jesús a los niños:

…y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.
Marcos 9:36-37

En esta poderosa escritura Jesús comunica el valor tan grande que para el PADRE tienen los niños.

Como padres y líderes, nuestro enfoque debe estar en los niños, son el blanco más atacado, ellos son los más indefensos y vulnerables.

Una vieja encuesta elaborada por un ministerio cristiano reveló que había aproximadamente 70 reportes semanales de abusos hechos dentro de las iglesias en contra de los niños, (esto sólo de las iglesias que lo reportaron).

El número actual es mucho mayor que eso. Una agenda oscura –destruyendo a niños vulnerables.

Si tú haces que uno de estos pequeños que confían en mí caiga en pecado, sería mejor que te arrojaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello. Marcos 9:42 (NTV)

El propósito de satanás es destruir a los niños.

El Centro de Control de Enfermedades y Prevención, encontró que los individuos que sufrieron abuso sexual una o más veces en su infancia tienen una mayor tendencia al alcoholismo, depresión, drogas, parejas violentas, múltiples parejas sexuales, enfermedades de transmisión sexual, cigarro, tendencias suicidas e iniciación temprana al sexo, entre otras cosas.

No sólo eso, sino que se afecta su vida espiritual tremendamente. Sentimientos de culpa, vergüenza, condenación, duda, temor a la muerte, la creencia de un Dios injusto, etcétera.

Por otra parte, es importante saber algunas cuestiones básicas, como las siguientes: la mayoría de los ofensores son personas que nunca sospecharías, no los delata su apariencia ni su estrato social; a menudo los ofensores se aprovechan de los niños y jóvenes que son confiados y vulnerables, ellos pasan mucho tiempo con los niños hasta ganarse su confianza; los ofensores tienen varias víctimas.

PREVENCIÓN

Es vital tener en cuenta que como padres hay que darles a nuestros hijos la confianza de que pueden contarnos todo, enseñarles que si alguna persona, incluso un “familiar” les pide que guardaran ​un secreto, no lo tienen que hacer, y que es sumamente necesario que los padres desarrollen una comunicación abierta con el corazón de sus hijos.

Para la protección del abuso sexual se debe enseñar a los niños algunas cosas:

  • Enseña a los niños que las partes que cubre el traje de baño y/o ropa interior no las puede tocar ninguna persona excepto papá o mamá para bañarlos o cuando van al doctor con la supervisión de los padres. (Ya Basta dispone de un cuento y audio del libro “Secretos Incómodos”, material diseñado específicamente para la prevención al abuso sexual, el audio incluye una canción donde dice que nadie puede tocar sus partes privadas).
  • Enseña a los adolescentes y jovencitos a no estar tan “apegados” a personas adultas que no son sus padres y familiares cercanos de confianza.
  • Educar a los jóvenes sobre cómo piensan y actúan los ofensores.
  • Instruye a los niños de todas las edades sobre qué hacer si han sido tocados de una manera inapropiada o si se sientan incómodos con algunas personas incluyendo compañeros de su misma edad.
  • Explica a los jóvenes la diferencia entre estar pecando y ser víctima del pecado de otros. Muchos chicos (as) guardan este secreto por años ya que lo único que saben es que el sexo fuera del matrimonio es “pecado”. Muchas veces los abusadores atemorizan y controlan a sus víctimas diciéndoles que lo que han hecho es pecado, es por ello que en la mayoría de las ocasiones las víctimas se sienten responsables y con ello acarrean un gran sentido de culpabilidad.

¿QUÉ MÁS DEBO DE SABER?

Sigue la ley para efectos de responsabilidad y protección de los niños. La mayoría de los países tienen leyes que mandan que los ciudadanos reporten tanto la negligencia como el abuso a menores. Los cristianos no estamos exentos de obedecer las leyes. El libro de Romanos capítulo 13 indica claramente que el gobierno civil juega un papel diseñado por Dios para la protección de la sociedad y su gente. El propósito principal de la ley es castigar a todos aquellos que intencionalmente cometen malos actos.

Sé enseñable. Algunas veces son las palabras y/o acciones que pensamos traerán alivio y confort a los que han sido devastados por el abuso sexual, las que más hieren sus vidas. En una ocasión una chica que fue abusada –usando su abusador asuntos religiosos y de fe como medios para vencer su resistencia-, leyó una carta enviada por una mujer que seguramente tenía las “mejores intenciones de traer sanidad a su vida”. Esta mujer comenzó hablando del amor de Dios y al instante que esta chica empezó a leer sus palabras, sus manos empezaron a sudar, a temblar, la respiración le estaba fallando y literalmente se sintió enferma, fue un balde de agua fría recibir su correo ya que ella pensaba:

“¿Tú me estás diciendo que debería de tomar la misma espada (el amor) que algún día usaron para destriparme y que ahora caiga en ella nuevamente?

No puedo hacer eso. Mi amor por Dios, mi fe, mi extraordinario deseo de vivir la voluntad de Dios…esas son las partes de mí que fueron transformadas en armas que ahora me destruyen”.

Hemos creído erróneamente que por el solo hecho de ser cristianos nos convierte automáticamente en expertos para traer alivio y sanidad a los que han sido profundamente heridos.

De manera bien intencionada puedes hablarles del amor de Dios creyendo que eso será usado para su sanidad y es precisamente eso lo que no pueden escuchar ya que alguna vez pusieron su amor y confianza en Dios y se sienten traicionados.

No siempre tenemos que sentirnos con la obligación de darles una palabra de aliento, seamos enseñados por Dios y que Él sea quien nos dirija.

Nunca mencionemos frases como: Yo entiendo o, sé lo que estás pasando, SI TÚ NUNCA FUISTE ABUSADO(A).

Ora. El que pide recibeMateo 7:7

Por los niños, por su protección y cuidado, por valentía y fortaleza para enfrentar la situación, por perdón y sanidad de sus emociones y cuerpos.

Por las familias, por paz y unidad, sabiduría y discernimiento de los padres, sanidad y quebrantamiento de pecados generacionales.

Por los abusadores, que Dios traiga convicción de pecado, arrepentimiento y salvación, que sus planes de perversión sean frustrados, que sean arrestados y procesados justamente.

Por los gobiernos, que desarrollen e implementen leyes justas en contra de los abusadores y programas de prevención del abuso sexual infantil; que se frene la educación sexual explícita en la que se induce a los niños y adolescentes a usar su sexualidad fuera del diseño de Dios; que cese la corrupción y el humanismo; por más cristianos que participen en los gobiernos y la política para ser sal y luz en esos lugares.

Por la Iglesia, que haya unidad para combatir en oración esta situación; que desarrollen programas de ayuda para las personas en riesgo y los que han sido lastimados mediante el abuso sexual; para que prevalezca y las naciones anden a su luz.

Por ministerios como Ya Basta, y otros que están enfocados en la prevención y restauración de los quebrantados sexuales.

¿QUÉ HAGO SI COMO PADRE/MADRE DETECTO ABUSO EN MI HIJO(A)?

Algunos de los síntomas de que un niño(a) que pudiera haber sufrido abuso sexual, son: aislamiento, temor, orinarse en la cama, cambio drástico en su manera de relacionarse, falta de apetito.

La manera como enfrentemos el asunto es muy importante, nuestros hijos son “muy” susceptibles ante nuestra manera de reaccionar.

​1.  Trata de ganar su confianza para que te cuente lo sucedido (recuerda que uno de los mayores problemas de esto, es que el niño ha sido amenazado de no decir NADA).  El padre o madre que siempre está ocupado y ni siquiera nota un cambio en la personalidad del hijo, puede arrepentirse más adelante cuando su hijo sea mayor.

​2.  Si tu hijo(a) te lo cuenta, CRÉELE.

  1. No reacciones con gritos y un llanto desconsolado, NO ENFRENTE DE ÉL, es muy probable que el niño internalice que “él” fue el culpable.
  2. ¡No lo regañes! Él cargará con el peso de la culpa.
  3. Repórtalo a las autoridades.
  4. Es muy importante que en todo tiempo le des tu apoyo y amor incondicional, un psicólogo cristiano será lo más recomendable para su sanidad emocional. No des por sentado que con el solo hecho de sacarlo a la luz recibirá sanidad inmediata.

Utiliza recursos que le ayuden a sanar, el abuso sexual no debería ser tratado sin la ayuda de Dios. Él es la verdadera fuente de protección y de sanidad. (Ya Basta dispone de un programa de 7 semanas llamado “Corazón puro” diseñado especialmente para la sanidad de quienes han sufrido abuso sexual en alguna etapa de su vida).

Curan por encima las heridas de mi pueblo, y les desean: ¡Paz, paz!, cuando en realidad no hay paz.  Jeremías 6:14

 

CONCLUSIÓN

¿Cómo debería de ser la respuesta de los cristianos que han aprendido de este tema? ¿Responderemos como el sacerdote o el levita en la parábola del buen samaritano? (Lucas 10).

El evangelio de Jesucristo nos llama a cada uno de nosotros a tomar acción hacia los HERIDOS motivados por el amor que le tenemos a Dios.

Tomado y adaptado con permiso del libro Protegiendo a nuestros niños. Prevención al abuso sexual dentro de las iglesias.  Autora: Tati Martinez. Derechos reservados. Producción de Ya Basta.

www.yabastausa.org

En sus estudios con mil adictos al sexo, Pat Carnes encontró que el 97% habían sido víctimas de violencia emocional, el 74% habían sido maltratados físicamente, y el 81% habían sido víctimas de abuso sexual.  Esto revela que la violencia desempeña un papel importante en el desarrollo de la adicción sexual. Para que el adicto al sexo pueda sanarse es vital que entienda la violencia que sufrió y cómo lo ha afectado.

Veamos cómo opera la violencia en la adicción sexual:

José y su esposa, María, han tenido discusiones respecto al sexo desde hace años. Desde la luna de miel, José lo exige y María suele negarse. Entonces José se siente rechazado, herido y muy enojado, mientras que María se siente denigrada, manipulada y también muy enojada. Sus discusiones son violentas y destructivas. Ambos se sienten culpables porque no pueden complacerse. Piensan que tienen un horrible matrimonio porque su vida sexual está vacía. José es también un adicto al sexo: se masturba, mira pornografía, y frecuenta prostitutas.

La intensidad de sus discusiones obedece a viejas heridas originadas en sus respectivas familias. La madre de José lo abandonó emocionalmente: ella nunca tenía tiempo para él. María fue violada varias veces por su padre cuando tenía entre 12 y 16 años. Cuando José desea tener relaciones sexuales, María recuerda el trauma del incesto. Cuando María lo rechaza, José recuerda cómo su madre lo rechazaba. José no tiene sexo con las prostitutas porque lo necesite y no pueda tener relaciones sexuales con María. En realidad, quiere encontrar el amor, cuidado y afecto que nunca recibió de su familia.

La violencia doméstica es cualquier acto cometido por un miembro de la familia que dañe o lesione a otro familiar. Estas heridas afectan negativamente y por el resto de su vida a quien la sufre, a no ser que él o ella las entiendan y se recuperen.

El ciclo de violencia es vicioso: la mayoría de las personas agresoras a su vez fueron víctimas de maltrato. Muchas familias tienen una larga historia de violencia que se remonta a varias generaciones. La violencia es un medio por el que ¨los pecados de los padres¨ se transmiten de generación en generación (Éxodo 20:5), y de cómo los pecados del padre y la madre no se olvidarán (Salmo 109:14). El pecado sexual de David con Betsabé dejó una herencia de problemas sexuales, incluyendo incesto y el asesinato.

Ahora bien, describimos la violencia con el fin de comprenderla, no con el propósito de culpar, el entendimiento posibilita la sanidad, la culpa implica un juicio. Para entender la violencia y poder sanarse, la víctima necesitará enojarse. La víctima necesitará eventualmente  enfrentar al padre o al agresor. Tanto la ira como el enfrentamiento son medios para sanar a la víctima, no para culpar al agresor, y constituyen elementos vitales en la recuperación de la adicción sexual.

Tipos de violencia

En la identificación de las heridas y la violencia doméstica es importante considerar cuatro aspectos de la experiencia humana que pueden ser afectados por la violencia: el emocional, el físico, el sexual y el espiritual.

Hay dos tipos de violencia: la invasión y el abandono.

Si la familia tenía límites muy inciertos, es posible que no se hayan respetado los límites emocionales físicos, sexuales o espirituales, se trataría de una invasión. Si los límites eran demasiado rígidos, los miembros de la familia no recibieron el amor, la atención, el cuidado, o la información que necesitaban para prosperar, sería un caso de abandono.

A continuación se  presenta un esquema de los ocho tipos de violencia, se detallan los dos tipos de abuso: invasión y abandono, y cómo se pueden presentar en los cuatro aspectos de la experiencia humana mencionados, conformando cuatro columnas. El esquema nos ilustra cómo una persona puede sufrir una invasión y/o abandono emocional, físico, sexual, o espiritual. Al revisarlo,  quizá identifique el tipo de violencia de que fue víctima y desee hacer su propio esquema en una hoja de papel.

El Abuso

Pídale al Espíritu Santo que le ayude a  entender y a aceptar cualquier experiencia dolorosa que haya tenido en la vida para poder sanarse. Pida a Dios su protección y fuerzas mientras reflexione en las heridas familiares y la posible violencia sufrida. No se trata de estar ¨escarbando¨ en busca de experiencias, sino en permitir que el Espíritu Santo traiga a luz lo que Él desea sanar, trátese con cariño, y si siente que su dolor se vuelve insoportable, busque ayuda de un consejero o persona madura en Cristo que pueda apoyarle.

El maltrato y la vergüenza

Cuando se maltrata a los niños, éstos se lastiman desde el punto de vista emocional, sexual, espiritual, e incluso físico. Ellos son demasiado pequeños e indefensos para protegerse solos de estas heridas. ¿Qué pueden pensar los niños de sí mismos cuando se les invade o se les abandona?  Llegan a una conclusión muy lógica: ¨Si me está pasando esto, debo ser malo; porque se castiga a las personas malas¨. ¨Si nadie me ama debe ser porque soy malo, porque todos aman a las personas buenas¨.

Estas heridas producen un sentimiento muy intenso de vergüenza. Es posible experimentar la vergüenza de manera sana o enferma. La vergüenza sana reconoce que todos tenemos habilidades y limitaciones, es parte de la condición humana y lleva a una persona a depender de forma sana de otros y de Dios. La vergüenza sana nos confirma que como seres humanos no podemos ganarnos la salvación y de que dependemos de Dios.

Las víctimas de violencia, sin embargo, han interiorizado este sentido de vergüenza y creen que no sirven para nada. La vergüenza morbosa quiere hacernos creer que no merecemos la salvación de Dios y que ni siquiera podríamos aceptarla. Éste tipo de vergüenza convence a las personas de que tiene una naturaleza mala. La Dra. Sandra Wilson, diferencia la vergüenza de la culpa: ¨Sentimos culpa cuando sabemos que hemos cometido un error. Sentimos vergüenza cuando sentimos que somos un error¨.

La vergüenza morbosa impide que los individuos reconozcan lo que valen como personas, y es el principal sentimiento en el niño maltratado y herido. Junto con este sentimiento central hay otros sentimientos: el niño abandonado se siente solo y triste, el niño maltratado siente ansiedad y temor.

El enojo suele acompañar a la vergüenza. Aunque las víctimas de violencia creen que merecen el maltrato, hay otra parte de ellas que está tremendamente enojada con la agresión. No obstante bloquean este sentimiento y ni siquiera se permiten experimentarlo. El sentimiento subyacente infecta todo, y a veces se revela como un comportamiento adictivo. El enojo se filtrará de alguna manera a pesar de todos los intentos que la persona haga por reprimirlo.

Los adictos al sexo pueden estar irritados con Dios y piensan: ¨¿Porqué dejó Dios que me sucediera esto?¨. Puesto que Dios no previno el abuso, el enojo puede hacer que el adicto al sexo concluya, justificándose: ¨No me importa lo que piense Dios. Él no me ayudó, me tendré que ayudar yo mismo¨.

Cuando se maltrata los niños y a los adolescentes en su lógica piensan: ¨Si fuera una buena persona, esto no me sucedería¨, o ¨Si fuera una buena persona, alguien supliría mis necesidades¨. La conclusión lógica es que deben ser personas malas que no sirven para nada.
Este razonamiento triste, desesperado, inducido por el enojo y la rebelión, convence a los adictos al sexo de cuatro opiniones sobre su persona:

1. Soy una persona mala y no sirvo para nada.

2. Nadie me amará como yo me amo.

3. Nadie puede satisfacer mis necesidades excepto yo.

4. El sexo es mi necesidad más importante.

El adicto al sexo cree que la actividad sexual es la única manera de satisfacer su necesidad de amor, cuidado y afecto. Para muchos de ellos el sexo fue la única atención y el único contacto físico que recibieron. Aprendieron a asociar el amor, el cuidado, el contacto físico y el sexo. El sexo se convirtió en una necesidad imperiosa porque era la única necesidad que podían satisfacer.

Los adictos al sexo para satisfacer sus necesidades profundas de amor y para sobrellevar el sentimiento de vergüenza que los agobia, utilizan en términos generales dos grandes mecanismos de defensa: el escapismo a través de diversas adicciones y la codependencia.

Lo anterior se ilustra en la gráfica siguiente:

El niño abusado o herido

El inicio de la recuperación

Ser víctima de una agresión cometida por uno de los padres o un miembro de la familia puede ser una experiencia muy fuerte. Provoca sentimientos intensos, de confusión, terribles, los que a su vez pueden generar mecanismos de defensa que sean pecaminosos y autodestructivos. Las personas que pecan y se apartan de Dios a menudo se han sentido privadas del amor de sus padres. Para cambiar, además de la violencia, deben aceptar que hicieron lo mejor que podían: sobrevivieron. Ahora sin embargo, tienen otra alternativa, y pueden decidir aceptar el amor de Dios, que no es como el de su familia.

Cuando se comprende la violencia sufrida, la víctima puede darse cuenta de lo que sucedió y decidir cómo hará para convivir con su dolor mientras se recupera de la adicción. De esa manera entenderán lo doloroso que fue la violencia, cuánto temor, soledad y enojo sintieron. Admitir estos sentimientos y encontrar maneras saludables de expresarlos y soportarlos contribuirá a su recuperación.

Al enfrentar la violencia, la víctima acepta la gravedad de su experiencia y procura evitar que el comportamiento se repita en el futuro. Las víctimas de violencia necesitar estar en guardia para no reiterar los errores de sus familias. Todos tendemos a reproducir lo que aprendimos en la niñez. A pesar de lo agresivas que pudieron haber sido las conductas familiares, nos criamos en un medio que considerábamos normal, podemos llegar a repetir los patrones violentos sin pensarlo.

Los adictos al sexo deben reflexionar sobre lo que le sucedió, comprenderlo, permitirse aceptar el dolor en vez de eludirlo con una adicción, y enfrentarlo como señal de que saben que estuvo mal. Se trata de un proceso que puede ser largo, pero que es vital para tomar decisiones beneficiosas en el futuro. Con la toma de estas nuevas decisiones, los adictos al sexo rompen el ciclo de comportamiento violento y de pecado, y entonces los pecados de los padres no se transmiten a las futuras generaciones.

Esta conciencia constructiva servirá para honrar a nuestra familia conforme a los mandamientos de Dios. Cuando Natán confrontó a David por su adulterio con Betsabé, honró a David para procurar su restauración. Cuando los adictos al sexo buscan que sus familiares reconozcan su culpa, los están honrando porque procuran su restauración y la reconciliación. La restauración sólo es posible cuando se dejan de repetir las conductas pasadas y es posible expresar los sentimientos y discutirlos con franqueza.

Tomado y adaptado del Libro “Cómo sanar las heridas de la adicción sexual” del Dr. Mark R. Laaser, fundador del Ministerio Leal y Confiable.

La adicción al sexo comienza en familias marcadas por dinámicas y características no saludables.

1. Ve a una persona, no a un pecador. No somos de una campaña de limpieza moral; somos embajadores del amor de Cristo. ¿Cómo te acercarías a alguna persona que crees que necesita a Dios? No hay nada especial sobre la homosexualidad como pecado ante los ojos de Dios. No permitas que lo sea para ti. Ellos están buscando amor, como cualquier otra persona. Jesucristo es la respuesta a esa necesidad.

2. Recuerda que el Evangelio significa BUENAS NUEVAS. Asegúrate de presentar a un Salvador, no un código de ética o principios morales. Jesús es una persona real, no es religión, ni una vida filosófica. No estés tan interesado en hablar sobre algún pecado en particular. Dios quiere redimir y restaurar a la persona completa, no sólo su sexualidad.

3. Conoce y experimenta lo que estás ofreciendo. Estás ofreciendo a Jesucristo como Señor y Salvador. No estás ofreciendo heterosexualidad ni que la gente deje de tener algún otro tipo de tentación. Hay una diferencia entre tener una orientación homosexual (tentación) y actuar de acuerdo con esa orientación, teniendo un comportamiento homosexual. Cuando una persona hace un compromiso con Cristo, debe estar de acuerdo con Dios de que los actos homosexuales son pecado. Estás inicialmente ofreciendo a Jesucristo quien puede otorgar el poder, por Su Espíritu, a lograr en primer lugar a una abstinencia del comportamiento homosexual como parte de su restauración —pero los sentimientos, la orientación, no van a cambiar de la noche a la mañana. Esto vendrá con el tiempo, a través del discipulado, la consejería, el cuidado e interés de su red de apoyo, y la calidad de su propia rendición continua al señorío de Jesucristo.

4. Ama activamente a la persona. Las palabras pueden ser muy vacías. Demuestra tu amor escuchándole, llamándole, confrontándole con gracia cuando sea necesario, acompañándole a la iglesia. Amor es verbo.

5. No tengas miedo de escuchar algunos detalles «groseros». Algunas personas no saben cómo expresarse sino utilizando el lenguaje de la calle. Escucha con amor y responde mientras buscas el consejo de Jesús. Ámalos en donde se encuentren.

6. No tengas temor de decir, «te amo». No tengas temor de abrazar, tocar, estrechar las manos en oración. Todos necesitamos una afirmación física de amor mutuo. El tocar no es sexo, es amor. Los homosexuales necesitan aprender el lugar del afecto fuera del contexto sexual. No te van a abusar. Si tus intenciones son malinterpretadas, explícate, pero no te alejes.

7. Comparte tu vida, tus luchas y victorias. Mucha gente que viene de un trasfondo homosexual se sorprende al darse cuenta de que gente, que no es de la comunidad LGBTI+, también lucha con soledad, rechazo, heridas, pruebas, etc. Eso les ayuda a poner su vida en perspectiva.

8. Presenta los alcances completos del Evangelio. Jesús quiere liberarlos de muchas cosas que los esclavizan: la mentira, la amargura, el orgullo, la rebelión, la ira, etc. El comportamiento homosexual y las fantasías son sólo una parte de las muchas cosas de las que Jesucristo los quiere hacer libres. Presenta a Jesucristo como Señor y Salvador, tanto su señorío como su salvación, son importantes.

9. No hagas del quebranto sexual el punto central de tu relación y amistad.  Tampoco temas hablar del mismo, recuerda que hay muchas otras áreas en la vida de tu amigo de las que puedes hablar. Muéstrale a Jesús, como la respuesta a todos sus pecados.

10. Háblales sobre Exodus Latinoamérica. Comparte escrituras como 1 Corintios 6:9-11 («…y eso eran algunos de ustedes…»), así como testimonios de otros que han salido de la homosexualidad. «La fe viene por el oir…» Romanos 10:17.

Adaptado del escrito original de Robbi Kenney, de ministerios Outpost, PO Box 7067, Minneapolis, MN 55407.

Traducido y adaptado por Pedro Delgado

Principios de un liderazgo positivo y consideraciones sobre liderazgo para quienes dirigen ministerios de restauración sexual. Tomado y adaptado del “Manual de Liderazgo” de Frank Worthen.

Frank Worthen con su esposa Anita

Frank Worthen con su esposa Anita

A. EL BUEN LÍDER.

Un líder de éxito escucha la voz de Dios.  Aprende a oír a Dios a través de la oración y el ayuno. Su paciencia para esperar en Dios le permite ser paciente con los que están a su cuidado e incluso extender esa paciencia hacia sí mismo. Está consciente de las muchas necesidades que tiene a su alrededor, pero ellas no lo hacen correr por delante de Dios y tomar los problemas en sus propias manos. Sabe que no es el único siervo de Dios y que Dios llama a cada uno a satisfacer necesidades específicas. Juntos forman un equipo, y cada quien hace la parte que le fue asignada

Un buen líder ha crucificado sus derechos y está dispuesto a ser guiado por el Espíritu de Dios. Teme a Dios, tiene un respeto sano por Él y hace lo que las Escrituras llaman “tener en cuenta” al Señor. Rinde cuentas a Dios de sus acciones y actitudes, tiene su confianza en Dios y no en sus propias habilidades. La persona más dotada es inútil si no está rendida. El líder de éxito no tiene temor del hombre porque sabe que Dios está en control. Dios es su seguridad, su escudo y su protección. No tiene otros “dioses” como pueden ser gente, trabajo, ministerio, posición o poder.

Es un ejemplo y un modelo para otros. Ha renunciado a muchas libertades que harían que presentara una apariencia de mal. Como Pablo, llega a ser todas las cosas para toda la gente. Se da cuenta que puede nulificar el mensaje del evangelio por su apariencia. Es cuidadoso para presentar el evangelio en una forma que no ofenda y es sensible a la cultura en la cual se encuentra, no hace las cosas en orgullo, solo por seguir la tradición, sino que es sensible al Espíritu Santo.

Un buen líder está dispuesto a poner en riesgo su reputación si Dios la ha confirmado. Él está consciente que Jesús se hizo a Sí mismo sin reputación por amor a otros, y está dispuesto a hacerlo también, si es para la gloria de Dios. Sin embargo, sabe que la reputación que está arriesgando no es la suya propia sino la del Señor. Un líder puede causar gran daño al mensaje del evangelio cuando toma decisiones erróneas y realiza acciones impulsivas e inmaduras.

El buen líder se reproduce a sí mismo. Motiva a otros a seguir en su camino. Hace buen uso de su tiempo invirtiendo en la vida de su gente quienes serán líderes como él mismo. Valora los dones de los demás. Su deseo es equipar a otros, para que puedan exceder sus propias habilidades. Permite que cada persona exprese sus propios dones en su manera muy particular, no trata de acoplarlos a su molde. Cuando llega el momento, es sensible a la voluntad de Dios, sin manipular a la gente a su cargo para que se quede, sino permitiéndoles partir con libertad hacia otros trabajos mayores, siempre dispuesto a comenzar otra vez con una nueva persona. Les da libertad para que sean todo lo que Dios les ha llamado a ser. Se deleita viéndolos alcanzar su más alto potencial en Cristo.

El buen líder delega. Sabe que, si trata de hacer todo, se va a agotar y les robará a aquellos que le rodean la oportunidad de servir y la experiencia de aprender. El orgullo lo mantendrá aislado y protegiendo su ministerio, pero Dios desea que con libertad comparta todo lo que tiene y que esté con otros. Se da cuenta que gran parte de la visión que Dios le ha dado será cumplida por otros. Ha sido llamado a levantar un equipo y es un buen jugador de equipo. Trabaja bien con la gente. Se da cuenta que el éxito no está en la cantidad de gente que controle, sino cuánta gente ha dejado en libertad para servir a Dios.

El buen líder es flexible. No está sujeto a sus propios deseos, sino deseoso de caminar y fluir con el Espíritu de Dios. A menudo cuando Dios da una visión, Él muestra los resultados finales, pero no el camino que se recorrerá día con día para lograr esa visión. Esto debe ser llevado a cabo con temor y temblor. Ese camino puede tener muchos recovecos y vueltas inesperadas, por lo que se requiere flexibilidad.

El buen líder conoce a las ovejas que están en su rebaño. Ora por ellas, las protege, y agradece a Dios por ellas y por sus habilidades. Ve su lado positivo y es tolerante y paciente cuando expresan su lado oscuro.

El buen líder pide apoyo a otros para su propia persona. No es demasiado orgulloso para pedir oración. Confiesa sus tentaciones e imperfecciones. No trata de parecer perfecto. No reclama ser mejor que los demás. Un buen líder aprecia la autoridad que hay sobre él. Ve a estas personas como su protección y su grupo de apoyo. Se somete humildemente a la autoridad que Dios ha puesto sobre él. Tiene un espíritu enseñable, deseoso de aprender.

El buen líder evita el orgullo. Sabe muy bien que Dios humilla al soberbio, por lo que no se jacta o exagera su trabajo o su importancia. Cuidadosamente examina su ministerio y a sí mismo de vez en vez, juzgándose para que no tenga que ser juzgado por otros (vea 1 Co. 11:32). Sabe que no es indispensable, que algún día otros tomarán su lugar.

El buen líder cuida de sí mismo. Toma tiempo para cuidar su cuerpo, así como el aspecto espiritual de su vida. Se da cuenta de que, así como los otros también él tiene necesidades. Necesita momentos de descanso, esparcimiento, estudio y adoración. Descarga la dirección del ministerio en Cristo. Permite que Dios vaya delante de él y que pelee las batallas. Utiliza bien su tiempo y lleva una vida disciplinada. Se da cuenta que la seguridad de los demás es ver que él está en el lugar correcto con Dios mismo. Debe estar conectado con Dios y escuchándole, no corriendo delante de Él y guiando a otros a tomar un camino destructivo. Tiene un espíritu de mansedumbre y paciencia espera el tiempo perfecto de Dios. Es habitado por el Espíritu Santo y camina en el Espíritu. Extiende el amor y el perdón de Dios a sí mismo, así como a los demás. Es una persona apartada para Dios, aunque puede disfrutar las cosas del mundo, no halla su satisfacción en ellas. Es seguro en su identidad y no tiene envidia y celo de otros y de sus posesiones.

El buen líder es una persona bien balanceada en su trato con los demás. Ha descubierto la delicada línea divisoria entre amor y pureza. Sabe que el amar realmente a alguien significa a menudo confrontarlo y hacerlo sentir a veces incómodo. Está dispuesto a arriesgar sus relaciones con otros para que progresen. Habla la verdad en amor. Sabe que permitirles continuar en pecado no es amarlos, sino ignorarlos. Está en contacto con sus propias heridas y consuela con el consuelo que ha recibido de Cristo. Es un hombre refinado por fuego, ha sido probado y ha vencido, ahora se encuentra en una relación más cercana con Dios. A través de sus pruebas ha sido purgado de orgullo y ambición egoísta. Está dispuesto a dejar que Dios sea Dios.

El buen líder es prudente y humilde. Parte de su amor por los demás es refrenar su lengua y no descubrir información confidencial escuchada en consejería y en otros entornos íntimos. Ora antes de confrontar, incluso arriesgando el perder la oportunidad, sabiendo que la confrontación equivocada es peor que si no la hubiera habido. Confía en Dios para una segunda oportunidad. Sufre como Cristo sufrió. Puede ser mal comprendido, calumniado, envuelto en chismes, y rebajado, pero controla sus reacciones, llevando estas cosas a Jesús. Siempre pregunta a Dios si hay algo de verdad en las acusaciones verificando si Dios está revelando algo a través de los demás.

El buen líder persevera. A menudo trabaja durante largas horas, para conocer el agotamiento y la fatiga, y luego ser grandemente decepcionado por aquellos con los que trabaja o aconseja. Conoce la traición, sin embargo, sus ojos están sobre la visión que Dios le dio y no se distrae o desalienta por los eventos negativos que ocurren día con día. Defiende el Evangelio. Dios le ha dado un celo por Su Palabra, pero no es legalista, no está motivado por el deseo de estar en lo correcto y castigar a los falsos profetas, sino motivado por el amor de Dios, que otros conozcan la plenitud del amor de Dios y Su poder para liberar.

B. EL MAL LÍDER

¿Cuáles son las características que debemos evitar que nos previenen de llegar a ser malos líderes? Obviamente son las contrarias de un buen líder.

El mal líder es guiado por la inseguridad. Busca controlar a otros para afirmar su autoestima. Puede tener un llamado en su vida o puede haberse aventurado hacia el ministerio independientemente de cualquier llamado. Algunos vienen a servir a Dios en sus propios términos, usando las tácticas del mundo, el ministerio puede ser sólo un trabajo para él y busca una promoción para obtener ganancias monetarias, o el ministerio puede llenar vacíos en su vida: afirmación, atención, o su propio engrandecimiento.

El líder inseguro a menudo deja un rastro de ruina. Los demás se quedan con una sensación de haber sido utilizados y abusados, traicionados y mal comprendidos. Para ganar aprobación y protegerse mismo, puede haber recurrido a distorsionar la verdad, si no es que la mentira abierta. Debido a que tiene profundas inadecuaciones que deben permanecer ocultas, con frecuencia se escurre de la autoridad. Como tener que responder a una junta puede ser muy intimidante, puede sentir que tiene una relación adversaria con su junta. O bien empieza su propio ministerio sin ninguna cobertura en lo absoluto, o busca el tipo de cobertura que no se opondrá a sus ideas y deseos. A menudo los líderes seleccionan su propia cobertura, aquellos que pueden ser controlados.

El mal líder es egoísta. Cuando se trata de tomar decisiones, el líder malo frecuentemente tiene una sola regla por la cual él vive: – ¿Cómo afectará esto mi vida? ‖ No está interesado en la promoción del Reino de Dios, solamente en su propia promoción. Mira a los demás líderes como competencia, y retendrá cualquier ayuda que pueda hacer que ellos vayan más allá que él.

El mal líder es impaciente con aquellos que tiene a su cuidado. Salta a conclusiones, escuchando sólo una parte de la historia. Acepta chismes y rumores de terceras personas como verdades y actúa sobre ellos, traicionando su confianza. Incluso cuando él ha causado daño a otros, no se disculpa o busca la reconciliación y piensa que como es líder, él está más allá de pedir perdón. Puede que vea al rebaño como un fastidio y no respeta a los que Dios ha puesto a su cuidado. Actúa a la defensiva, y se siente amenazado e incluso grita a los demás. Su aspecto inmaduro puede recurrir a las rabietas temperamentales.

El mal líder no es enseñable. Siente que aprender algo de alguien más es humillante, y lo desacredita. Si aprende y enseña algo que proviene de otra persona, lo presenta como su propio material, sin dar crédito a quien corresponde. Permite que sus emociones le conduzcan y tiene un efecto destructivo en aquellos a los cuales ministra. Ellos se dan cuenta que su corazón no es puro y que no usa una norma bíblica, y pierden la esperanza cuando ven los problemas y pecado sin resolver en la vida del líder. Estas palabras que se encuentran en Proverbios 15:10 son una predicción:  -La reconvención es molesta al que deja el camino; y el que aborrece la corrección morirá. ‖

El mal líder busca la aprobación de los hombres antes que defender las normas de Dios. Trata con ligereza a aquellos cuyo pecado es también el suyo, y reacciona con exceso hacia aquellos con cuyo pecado no se identifica. Pide detalles gráficos del pecado porque es excitado por los encuentros sexuales. Puede negociar con las personas, tratando a su pecado ligeramente para obtener algo de ellas Su objetivo es atraer a la gente a él mismo en lugar que a Jesús. Crea dependencias a sí mismo.

El mal líder deja al Señor fuera de sus decisiones. Tiene un espíritu que se rebela a ser controlado de cualquier manera, por Dios o por los demás. No actúa correctamente cuando es confrontado, sino que es defensivo y evasivo. No está interesado en ser parte de un equipo porque no desea compartir su gloria con los demás. Lleva una vida secreta, con poca o ninguna revelación propia. Puede llevar una doble vida, hallando escape en la pornografía o en otras áreas de pecado. Se rehúsa a entrenar otros para el servicio porque no desea crear su propia competencia. No está interesado en el trabajo de equipo.

Este es un retrato oscuro del mal liderazgo. Naturalmente ningún líder tiene todos los defectos mencionados; nadie es completamente malo o completamente santo. Le sugerimos usar la lista descrita para examinarse a usted mismo, no para incriminar a los demás. La mayoría de las veces nuestra motivación es centrada en nosotros y en los demás al mismo tiempo. Necesitamos ser amables con nosotros mismos y con los demás, y esforzarnos por llegar a ser más como Cristo, siendo pacientes y buscando que Dios nos lleve a un terreno más alto.

C. RECOMENDACIONES PARA ESCOGER LÍDERES PARA MINISTERIO DE RESTAURACIÓN

Muchas iglesias y pastores están entusiasmados con respecto a levantar ministerios para ayudar a personas con quebrantamiento, y se enfrentan con el problema de establecer liderazgo para tal ministerio. Como hay pocos precedentes en este tipo de ministerio, la tendencia es respaldar a alguien que aún no está listo para el ministerio, y con frecuencia por personas que tienen un trasfondo de quebranto sexual.

Es imprescindible que la iglesia solicite referencias a los ministerios que apoyaron al candidato en su proceso de restauración. La iglesia no debe avalar en seguida a alguien a quien no conoce.

El líder debe ser probado en servicio humilde y fiel. Los líderes deben ser preparados para el ministerio. Deben tener un buen registro de asistencia a la iglesia y de servicio en algún ministerio antes de ser un líder de grupo. La iglesia debe observar sus cualidades de liderazgo y estar de acuerdo en que hay un llamado en su vida. Aunque hay una necesidad apremiante de liderazgo, Dios nunca es impaciente, Él siempre dispone tiempo para el entrenamiento. Había enormes necesidades que prevalecían en derredor de Cristo y Sus discípulos, no obstante, Él tomó tiempo para preparar y discipular a Sus doce. El Maestro es nuestro ejemplo.

Aquí están algunas cosas que deben buscarse en el liderazgo potencial:

1. ¿Están dispuestos a renunciar a las cosas del mundo por la obra de Dios?

2. ¿Ha sido un siervo en la iglesia durante un período considerable de tiempo? ¿Ha habido un aprendizaje exitoso?

3. ¿Tiene un espíritu enseñable? ¿Está deseoso de aprender? ¿Es sumiso al liderazgo existente?

4. ¿Comenzará desde el escalón más bajo?

5. ¿Es exitoso en otras áreas de su vida? ¿Existe la seguridad de que no busca un puesto de liderazgo solamente porque no puede funcionar en el mundo, es incapaz de permanecer en un trabajo o de agradar a un patrón?

6. ¿Están siguiendo la agenda de Dios, o han elaborado planes por su propia cuenta? ¿Están dispuestos a soltar todos sus planes a Dios y a los ancianos que están sobre ellos?

7. ¿Trabajan en equipo? ¿Tienen buenas habilidades para comunicarse? ¿Son capaces de trabajar fácilmente con otros, dando y recibiendo? ¿Pueden ser entendidos fácilmente por los demás?

En particular aquellos que provienen de un trasfondo de homosexualidad, han llevado una doble vida. La iglesia debe saber esto y mantenerse en estrecha consideración hacia aquellos que ministran motivados por sus propias heridas. Todo líder puede caer, un “ex-gay” o una persona que siempre ha sido heterosexual y todo liderazgo debe mantenerse rindiendo cuentas.

Los líderes realmente necesitan más cuidado e interés, necesitan gente que tenga el valor suficiente para confrontar, para amar, consolar y buscar comprenderlos. Necesitan afirmación y amonestación.

La iglesia debe estar allí para confortar al líder cuando llegue a estar bajo ataque. La iglesia no debe unirse a los que atacan, sino creer lo mejor, concediendo el beneficio de la duda, aunque usando de toda sabiduría. Debe estar allí cuando el líder esté en problemas, desilusionado y herido. Sí, los líderes deben sufrir, pero no tienen por qué hacerlo solos.

De las profundidades de nuestras heridas puede venir la sanidad. Podemos consolar a otros con el consuelo que hemos recibido.

Frank Worthen es uno de los fundadores y pioneros del movimiento de Exodus a nivel mundial, colaboró activamente en el establecimiento de diversos ministerios en los Estados Unidos y en Filipinas. Autor de varios libros y manuales que han sido traducidos a distintos idiomas: “Ayudando a gente a salir de la homosexualidad”, “Cómo comenzar un grupo de apoyo”, “Liderazgo”, entre otros. Actualmente vive en San Francisco con su esposa Anita, ambos son parte de la junta directiva de Restored Hope Network, una red de ministerios que ayudan a personas con quebrantamiento sexual en los Estados Unidos.

El libro “Liderazgo” está disponible en nuestra librería, si está interesado en adquirirlo por favor comuníquese con nosotros ventas@exoduslatinoamerica.org

Agradecimiento especial por la elaboración de este extracto a Leonor M.

Por Pedro Delgado

Santiago era un niño callado y taciturno. Miraba con ojos tristes a sus compañeros mientras parecían divertirse. Anhelaba ser capaz de jugar con ellos y comportarse con ese valor, coraje, determinación y seguridad con el balón. Pero el simple hecho de hablar con uno de ellos, le llenaba de pánico.

Había sido objeto de burlas en repetidas ocasiones, y para ocultar su amaneramiento y su voz delicada, prefería callar y permanecer inmóvil, guardando una distancia prudencial del resto de sus compañeros o involucrándose en actividades que pudiera desarrollar solo: lectura o trabajos manuales. O simplemente prefería jugar con niñas, con quienes se sentía más seguro y menos amenazado.

Julieta era diferente. “¡Quítenmela de encima!” gritaba desesperado Enrique mientras su compañera Julieta le arremetía violentamente, golpeándole la cara con una saña inusual a sus apenas once años de edad. La madre de Julieta llegó visiblemente agitada a la oficina de la directora de la primaria donde su hija estudiaba. No era la primera vez que le hacía llamar por el comportamiento agresivo de Julieta; era la tercera escuela primaria en la que estudiaba, pues había sido expulsada por la misma razón.

La niña no parecía sentirse cómoda con sus compañeras; prefería jugar con los varones, juegos rudos, e incluso realizaba hazañas que algunos niños ni siquiera se atrevían a hacer.

Las historias de Santiago y Julieta son las de muchos otros niños. ¿Qué es lo que sucedió? ¿Qué fue lo que afectó a estos niños, ahora quizá adultos, que muestran un comportamiento que no va acorde con su género?

Para que se lleve a cabo en forma satisfactoria un crecimiento y madurez espiritual, emocional y física, deben estar presentes ciertos nutrientes durante su infancia. Hablando específicamente de una orientación sexual sana, es necesario que los niños desarrollen vínculos adecuados con su madre, pues es quien los nutre y cuida desde su gestación. También con su padre, cuya intervención oportuna desde el momento mismo de la concepción es de suma importancia. Y con los dos al estar unidos como esposos, en una relación de respeto y de adecuada comunicación entre ambos.

Cuando la gente comenta: “Es alarmante la cantidad de homosexuales que está surgiendo hoy en día. ¡Pareciera plaga!” tristemente tenemos que admitir que proporcionalmente a una mayor crisis de paternidad, habrá cada vez más personas con problemas de lo que ahora se denomina Atracción al Mismo Sexo (AMS). Es decir, de homosexualidad y lesbianismo.

¿Y cómo es que la ausencia física y/o emocional del padre puede afectar tanto el desarrollo psicosexual del niño? Joseph Nicolosi, autor del libro Una guía para padres sobre cómo prevenir la homosexualidad, nos dice cómo los nutrientes básicos, tanto físicos como emocionales, son dados en primera instancia por parte de la madre. Ella juega un papel trascendental en cuanto a cimentar las bases del desarrollo del niño, tanto del varón como de la mujer.

Sin embargo, hablando específicamente de los niños varones, es de suma importancia que el padre intervenga en lo afectivo, imprimiendo su sello de masculinidad. Debe llevar a cabo una transferencia de identidad de género con su presencia patente entre los dieciocho meses y los tres años de edad.

Aunque la recurrencia del lesbianismo está siendo cada vez mayor, no se compara con el problema de la homosexualidad masculina. Según las estadísticas, por cada cinco casos de homosexualidad masculina, existe un solo caso de lesbianismo. Esto se debe a que, aunque tanto la madre como el padre juegan un papel importante en el desarrollo psicosexual tanto del niño como de la niña, la función del padre es lograr un desapego, como emprender un vuelo hacia una masculinidad afectiva en el caso de los varones.

La masculinidad es un logro que difícilmente se puede obtener sin la intervención del padre, o de una figura masculina que funja como padre sustituto. En el caso de las hijas, aunque el padre también viene a afirmar su feminidad, ésta es más bien conformada en primera instancia por la madre, con la que la hija no tiene que lograr precisamente un desprendimiento, sino seguir conectada con ella especialmente durante su infancia, pubertad y adolescencia.

El niño varón que no logra la conexión con su padre, quien se espera intervenga para “rescatar al hijo de la influencia materna”, como dice Nicolosi. A esta edad el niño ya distingue entre su madre y su padre, y hay una atracción natural puesta por Dios, hacia lo masculino, hacia su padre, pues anhela ser conformado y afirmado por él.

El amor de la madre es más bien incondicional. La madre consiente a los hijos, los sobreprotege en algunos casos. Aunque puede imponer también disciplina, su tendencia es más bien hacia amar, dar y cuidar de una forma absoluta. Pero el amor del padre suele ser más condicionado, hablando de los varones, pues hace al niño un tomador de riesgos. Lo anima a subirse a un árbol, jugar pelota, hacer cosas osadas que no se le faciliten. Esto da al niño un sentido de seguridad, pues estas primeras cosas riesgosas las hace al lado de alguien que le inspira confianza y seguridad, y que lo motiva para ser, al igual que él, una persona segura y valiente.

Pero cuando el niño es solo criado por la madre, o con escasa participación por parte del padre, donde no le permite emprender ese vuelo hacia la masculinidad, porque ni siquiera se siente seguro para desprenderse de quien le ha provisto para sus necesidades hasta ese momento, es inseguro para tomar riesgos, para ser una persona decisiva, determinante, fuerte. Más bien puede sentirse inseguro, tímido, temeroso. Puede no saber comportarse con el aplomo de un varón, pues la ausencia de su padre ha frenado su desarrollo en cuanto a su masculinidad.

Por supuesto que las raíces de una desorientación homosexual son muchas. Hablamos de una conspiración de factores que pueden ser un temperamento inclinado hacia lo artístico e intelectual, influencia femenina, etiquetación, abuso sexual infantil, experiencias sexuales tempranas, vinculación emocional insana con la madre, matriarcado, machismo, entre otros. Pero en especial la ruptura con el padre del mismo sexo es un factor predominante.

Cuando el niño anhela una conexión con su padre, y por alguna razón ésta no se logra, él lo percibe como un rechazo por parte de su padre. Se siente abandonado, ignorado. Puede percibirlo como alguien hostil, agresivo, ausente, alguien que no se interesa en él, falto de amor. Esta percepción es reforzada si existe una relación matrimonial desdichada.

La madre en su crisis emocional puede hacer del niño su confidente, una especie de “esposito” en el cual descarga sus frustraciones. Tal vez trata de cambiarlo y hacerlo a su manera, en vista de lo insatisfactoria que ha resultado su relación matrimonial. Habla con su hijo del mal comportamiento de su padre, de su mal desempeño como esposo, de cómo la ha maltratado, de cómo ha estado ausente, de cuán lejos está de ser el esposo y padre que debía haber sido.

La conclusión mental inconsciente del niño es: ¿Eso es ser un hombre? Yo no quiero ser eso. Al rechazar y renunciar a su padre, termina renunciando también a su propia masculinidad.

En el caso del lesbianismo, las causas son muy similares pero algunas dinámicas son un tanto distintas. Hablando de los factores que contribuyen al lesbianismo, puede también existir una ruptura con su madre o abuso sexual infantil, o puede contribuir también el hecho de que la niña haya resultado ser de una constitución robusta o atlética, que no cae en los estándares de lo que esperaba su madre para una niña delicada y femenina. De esta manera puede existir cierto rechazo hacia ella.

Puede ser que se esperaba a un varón en lugar de una niña. Se le comience a tratar como un niño, a vestirla como niño, sofocando su propia feminidad. Pero nos encontramos una vez más con un factor fuerte: la presencia del padre. En este caso él es quien dignifica y afirma la feminidad de su hija, y esto comienza con el trato que como esposo da a su propia esposa.

En unos casos se desarrolla un vínculo emocional con su padre tan fuerte que logra desapegarla de su madre, e incluso crear un tipo de rivalidad entre ellas.

Algo muy distinto puede ocurrir también. Si existe una relación disfuncional en el matrimonio y el esposo está maltratando física y/o emocionalmente a su esposa, la hija se da cuenta de dicho maltrato y se vuelve contrincante de su padre para defender a su débil madre. En tal caso la conclusión inconsciente es: ¿Esto es ser una mujer? No es algo que yo quiero ser.

Entonces ¿cómo debería ser una paternidad sana que nutra, motive, afirme y favorezca hacia una sana orientación e identidad sexual en los hijos?

Se busca un padre que ame a Dios, que lo conozca, que acepte el papel que Dios le ha dado dentro de su matrimonio y de su familia. Será un padre apegado al diseño de Dios establecido para el hogar, un padre en quien descanse la autoridad de la familia, que va acompañada de la responsabilidad para cuidar y amar a la esposa como vaso más frágil, que sepa que lo mejor que puede dar a sus hijos en principio no son bienes materiales por los cuales se pase horas incansables de trabajo, sino darse a sí mismo, su tiempo, su presencia, su afecto, su cariño, su disciplina.

Se busca un padre que con la ayuda de Dios pueda romper con las viejas maldiciones generacionales que se dan en forma de machismo, ausencia, agresión, falta de comunicación. Será un padre que busque al Padre Dios para llenar sus propios vacíos emocionales, a fin de crecer en su propia plenitud de paternidad y ser facultado por el Señor para ser el padre que él quiso que fuera.

Se busca un padre que sepa poner límites a sus hijos para criar niños seguros que sepan hacia dónde ir, un padre que vea a sus hijos como saetas a quienes da dirección, que les instruya en el camino de Dios siendo ejemplo de protección, provisión, líder fuerte pero amoroso que rompa con las ataduras y moldes que impiden mostrar afecto en forma práctica y física a su esposa y a sus hijos.

La boca de un padre debe bendecir incansablemente a sus hijos y decir con libertad: Te amo esposa; te amo, hijo; te amo, hija. Una mujer puede ser una madre extraordinaria, pero no le es dado ser padre. Esta es una facultad única y exclusiva para el varón. Su intervención y aporte en el sano desarrollo de los hijos es esencial.

No se buscan padres perfectos, porque cuando se ha encontrado al Padre perfecto en el cielo, sabemos que nos falta mucho para ser como Él. Pero tenemos el anhelo de ir en esa dirección. Se buscan padres forjadores de nuevas generaciones de hombres y mujeres que amen a Dios, hombres íntegros que vivan de acuerdo con el diseño de Dios establecido para la sexualidad en esta era de postmodernidad, hombres y mujeres rendidos al señorío de Jesucristo en todas las áreas de sus vidas.

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